¡Merdre!

Con esta palabra se inaugura el teatro del siglo XX porque así comienza una de las obras más emblemáticas y representativas del pasado siglo: Ubú rey, de Alfred Jarry, uno de los precursores más importantes del surrealismo, del dadaísmo y del teatro del absurdo.

Ubú es un tipo violento, panzudo, codicioso y malhablado (la primera palabra de la obra es merdre) que asesina, inducido por su esposa, al rey Wenceslao y se hace con el trono de Polonia. Convertido en un tirano sanguinario, manda asesinar a nobles y campesinos para apoderarse de sus bienes, hasta que es derrotado por el zar de Rusia. Ubú refleja, de modo caricaturesco los más bajos instintos del ser humano. El tono de farsa, el carácter provocador, el lenguaje distorsionado o la violencia en escena son expresión de un radical descontento con el mundo.

Versión de la obra de Los Cualeslas

A principios del siglo XX se profundiza en el camino abierto por el Simbolismo y se sitúa la acción y la historia en segundo plano, de modo que se da prioridad a la impresión estética y la conmoción espiritual El paradigma de esta tendencia irracionalista se halla en el teatro de la crueldad de Antonin Artaud (1896_1948)

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Reclamaba este autor la necesidad de volver al teatro primitivo, en el que priman el instinto, la violencia, la belleza y el sentimiento. Se busca crear una experiencia inquietante siendo los temas realidades y pulsiones esenciales: muerte, erotismo, soledad… La obra crea su propio lenguaje basado en el simbolismo y la sugerencia.  Artaud defiende un espectáculo total, incorpora al teatro elementos del cine, del circo. Además, el espectador forma parte activa del espectáculo, por lo tanto la representación tratará de sacudirlo y provocarlo con imágenes violentas e intensas.

Existen, además, a principios de siglo, numerosas tendencias difíciles de clasificar. Las tragedias de Federico García Lorca  pueden considerarse una forma de realismo poético.

Adaptación a la gran pantalla de la obra  Bodas de sangre de  Federico García Lorca 

Por otro lado, el final de la I Guerra Mundial deja sumida a Alemania en una grave crisis económica y el pesimismo invade un país que contempla el futuro con incertidumbre. En ese contexto nace el expresionismo, que pretende explorar los aspectos más violentos y grotescos de la realidad. Como autor destacado podemos citar a Georg Kaiser. En el teatro expresionista, escenario y personajes se presentan distorsionados para impactar al espectador. El contraste de luces y sombras es un efecto importante. Los motivos que aparecen buscan resaltar el feísmo, lo tenebroso, lo caótico a través de un uso idiomático cargado de imágenes. Luces de bohemia (1920), de Valle-Inclán, creador del esperpentotiene muchos rasgos expresionistas.

Para acabar con los vicios adquiridos por los actores del teatro anterior, es importante el método Stanislavski, que pretende conseguir que el actor se identifique con el personaje, es decir, que sienta sus mismas emociones. Este director ruso, Constantin Stanislavski, plantea la labor del actor como una tarea que puede ser enseñada y aprendida, es decir, se busca la profesionalidad de los actores.

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Paralelamente al teatro rupturista y de vanguardia, se sigue desarrollando un teatro tradicional, alejado de las innovaciones ideológicas y formales. Entre sus representantes destaca por la calidad de sus obras el irlandés Bernard Shaw (1856-1950), su comedia más célebre es Pigmalión (1913).

Asimismo, en 1964 se realizó la película musical My Fair Lady (Mi bella dama), inspirada en esta obra.