Ofelia

Esta tarde hablaremos de Ofelia. Pues bien, si hay un personaje de ficción que me atrae (ya desde aquella primera lectura hecha cuando yo era una adolescente como vosotros) es el de Ofelia. Aquí os dejo una galería de las Ofelias que los pintores han visto.

Así la han pintado diferentes artistas decimonónicos.  Esta la imagen que de ella tiene Arthur Hughes :

Así la vio Waterhouse:

Por su parte, G.F. Watts

tiene esta imagen de ella:

Alexandre Cabanel reflejó así su suicidio:

y Dante Gabriel Rossetti pinta así la locura de Ofelia:

OFELIA: Señor, estaba cosiendo en mi aposento cuando el Príncipe Hamlet se presentó ante mí, con el jubón todo desceñido, descubierta la cabeza, sucias las medias, sin ligas y cayendo sobre el tobillo a modo de grilletes; pálido como su camisa, chocando una con otra sus rodillas y con tan doliente expresión en el semblante como si se hubiera escapado del infierno para contar horrores… Me cogió por la muñeca, apretándome fuertemente, se apartó después a la distancia de su brazo, y con la otra mano puesta así sobre su frente, escudriñó con tanta atención mi rostro como si quisiera retratarlo. Permaneció así largo tiempo, hasta que, sacudiéndome suavemente el brazo y moviendo así tres veces, de arriba abajo, la cabeza, exhaló un suspiro tan profundo y doloroso que parecía deshacérsele en pedazos todo su ser y haber llegado al fin de su existencia. Hecho esto, me dejó; y, con la cabeza vuelta atrás, parecía hallar su camino sin valerse de los ojos, pues se alejó por la puerta sin servirse de ellos, y hasta el último instante tuvo su lumbre fija en mí.
(Acto Segundo. Escena Primera)

Delacroix, la pinta también en su muerte:

 

De todas estas visiones de Ofelia, quizás más conocida y la más lírica sea la que nos ofrece el romántico inglés J.E. Millais:

Sobre un arroyo, inclinado crece un sauce

que muestra su pálido verdor en el cristal.

Con sus ramas hizo ella coronas caprichosas

de ranúnculos, ortigas, margaritas, y orquídeas

a las que el llano pastor da un nombre grosero

y las jóvenes castas llaman «dedos de difunto».

Estaba trepando para colgar las guirnaldas

en las ramas pendientes, cuando un pérfido mimbre

cedió y los aros de flores cayeron con ella

al río lloroso. Sus ropas se extendieron,

llevándola a flote como una sirena;

ella, mientras tanto, cantaba fragmentos

de viejas tonadas como ajena a su trance

o cual si fuera un ser nacido y dotado

para ese elemento. Pero sus vestidos,

cargados de agua, no tardaron mucho

en arrastrar a la pobre con sus melodías

a un fango de muerte.

(William Shakespeare, Hamlet)

Escoge Millais como modelo para su Ofelia a la poetisa y pintora Elizabeth Siddal, famosa por su belleza, con quien Rossetti contraería matrimonio en 1860. Hora tras hora pasaba ésta posando metida en una bañera y ataviada con un vestido de época. Como la creación de esta obra maestra se produjo durante el invierno, colocaba el pintor lámparas encendidas bajo la bañera para que el agua se mantuviese caliente. Cuenta el anecdotario popular que, una de las veces en que Elizabeth se encontraba posando, las lámparas se apagaron y, poco a poco, el agua de la que rebosaba la bañera se fue quedando helada. Pese a ello, y debido a que el artista, preso de fiebre creativa, no se dio cuenta del incidente, la modelo no expresó queja alguna. Sin embargo, y a resultas del incidente, Elizabeth cayó muy enferma con un fuerte resfriado y su padre, considerando responsable al pintor, le obligó a pagar una fuerte indemnización.

Odilon Redon, Ofelia, 1900-05

 

“Ofelia” vista por Rimbaud

Avanzando en el tiempo, no tuvo la modelo mejor suerte que el personaje representado. Elizabeth Siddal, convertida por su esposo en el prototipo de mujer reflejada en sus cuadros, con una larga cabellera rojiza y una mezcla de fragilidad y fortaleza, y presa de constantes episodios de melancolía, se suicidaría en 1862 con una sobredosis de láudano al no poder superar la conmoción por el alumbramiento de una hija muerta.

Debido a la importancia que supuso para los prerrafaelitas la atención minuciosa a la naturaleza, Millais recorrió buena parte del cauce del río Hogsmill a la altura de Ewell, al sureste de Inglaterra, hasta encontrar una localización cuya vegetación se adecuase a la relatada en Hamlet. De hecho, las flores, árboles y plantas que Shakespeare hace recoger a Ofelia en su delirio y que sirven de marco en su infeliz desenlace, conllevan un significado oculto, muy en relación con el trasfondo simbólico con el que los prerrafaelitas caracterizaban sus lienzos.

(Esta información está copiada de aquí,magnífica entradasobre Ofelia en el arte)

Este óleo a su vez inspiró a Klimt para su retrato de Ria Munk tras el suicidio de esta.

Valorado en 26 millones de dólares el retrato de suicida de Gustav Klimt

También entre las aguas de un río (y no sabemos si entre flores, como la Ofelia de Shakespeare y de Millais) buscó su muerte Virginia Woolf (escritora feminista británica de la que hablaremos este curso)

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