20 de abril del 90

Celtas Cortos, en 1991 publicaba un disco llamado “Cuéntame un cuento”. En él se incluía una canción con forma epistolar:

Pues bien, el género epistolar ya tenía ilustres antecedentes en poetas clásicos que habían asumido esta fórmula para hacer hablar a los personajes (Ovidio en sus Heroidas) y varios filósofos antiguos habían empleado las cartas para exponer su pensamiento (Cartas a Lucilio, de Séneca). Sin embargo, en el siglo ilustrado la epístola asume todos los elementos de la novela y se profundiza en la psicología de los personajes.  Además, lo epistolar resulta muy adecuado para los fines ilustrados por su afán didáctico (hay intercambio de opiniones, puntos de vista lo que permite una visión más crítica). Sin embargo, ya adelanta el Romanticismo, pues el lector de una novela epistolar tiende a identificarse con el yo que se refleja, de manera subjetiva, en la escritura. Este “vivir” las aventuras y emociones de otra persona abre la puerta al posterior movimiento.

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Tal vez la obra más relevante sea Cartas persas de Montesquieu. En ellas se comparaban y criticaban mediante el contraste, los usos y costumbres de distintas naciones. De este cotejo Francia salió mal parada. El argumento es el que sigue: unos persas viajan por Francia e intercambias cartas con unos amigos y conocidos. Tienen cabida en ellas todos los temas: las costumbres familiares, las artes y los oficios, los ritos sociales, el carácter de los nacionales…  En España José Cadalso imitó a Montesquieu con sus Cartas marruecas. En ellas dos marroquíes y un español intercambian cartas con esta misma actitud ilustrada.

En el intenso debate de ideas que se da en la Europa del siglo XVIII, la carta (por lo general breve, concisa, directa) consiguió convertirse en un magnífico instrumento de propaganda o difusión de ideas. Hizo este uso de ellas Voltaire con sus Cartas filosóficas, que rozan el ensayo. En ellas hace una defensa de la libertad y de la tolerancia en todos los aspectos, pero sobre todo desde el punto de vista religioso.

Pero la carta no solo conquista a la literatura de ideas, sino también entra en el territorio de la novela, de manera que el autor exige que su lector se implique en lo que lee hasta identificarse totalmente con la propuesta emocional que se le presenta (¡ojo, que ya nos acercamos al Romanticismo!). El ejemplo máximo de ello es, otra vez, Rousseau con Julia, o la nueva Eloísa. La estructura de la obra es sencilla: enamorada de su preceptor Saint_ Preux , la protagonista inicia con este una larga relación epistolar.  A lo largo de cientos de cartas escritas por varios personajes (lo que permite el perspectivismo) se hacen reflexiones sobre la belleza, la moral, la virtud, el arte, la vida en la naturaleza…, siempre con gran lirismo y emoción. La obra está inspirada en la historia de los amores de los amantes medievales Abelardo y Eloísa. La trágica historia de estos amantes interesará durante siglos a la literatura universal. Pedro Abelardo (1079-1142) es, además de un famoso teólogo medieval, un gran escritor que ha transmitido su dolorosa tragedia sentimental en el emotivo relato Historia de las desdichas de Abelardo. Abelardo se enamoró de su discípula Eloísa, pero sus amores fueron descubiertos por el tío de ella, quien acabó ordenando la castración del filósofo. Abelardo toma los votos y pide a su amada que consagre también su vida a Dios.  En el convento, Eloísa lee la Historia de su amado. Al recordar sus desdichas, ella le escribirá una extensa carta. Abelardo le responderá y entre ambos se establecerá un apasionante intercambio epistolar.

Joaquín Sabina también se inspiró en estos amantes para escribir esta canción:

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Más Confesiones

Entre 1782 y 1789 se publicó la obra que alumbró una nueva forma de hacer memoria de la propia vida: las Confesiones de Jean Jacques Rousseau (1712-1778), escritor y filósofo ilustrado.  En esta página hay un artículo muy interesante sobre la obra. Así comienza la obra:

“He aquí lo que hice, lo que pensé y lo que fui. Con igual franqueza dije lo bueno y lo malo. Nada malo me callé ni me atribuí nada bueno; si me ha sucedido emplear algún adorno insignificante, lo hice sólo para llenar un vacío de mi memoria. Pude haber supuesto cierto lo que pudo haberlo sido, mas nunca lo que sabía que era falso. Me he mostrado como fui, despreciable y vil, o bueno, generoso y sublime cuando lo he sido. He descubierto mi alma tal como Tú la has visto, ¡oh Ser Supremo! Reúne en torno mío la innumerable multitud de mis semejantes para que escuchen mis confesiones, lamenten mis flaquezas, se avergüencen de mis miserias. Que cada cual luego descubra su corazón a los pies de tu trono con la misma sinceridad; y después que alguno se atreva a decir en tu presencia: “Yo fui mejor que ese hombre.”
Nací en Ginebra en 1712, Fueron mis padres los ciudadanos Isaac Rousseau y Susana Bernard. Mi padre no tenía más medio de subsistencia que su oficio de relojero, en el que era muy hábil, pues le correspondió muy poco, o casi nada, de una herencia pequeña a repartir entre quince hermanos. Mi madre, hija del reverendo Bernard, tenía más fortuna. Era bella y discreta. No sin trabajo pudo mi padre casarse con ella. Empezaron a quererse desde niños. Entre los ocho y los nueve años se paseaban juntos por la Treille; a los diez, ya no podían vivir separados. El sentimiento que había despertado en ellos la costumbre se afianzó por la simpatía y uniformidad de sus almas.

Va desgranando en ella cómo fue su infancia, su juventud, su madurez al tiempo que hace un retrato de la sociedad y el tiempo que le tocó vivir.

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(Procedencia de la imagen)

Pero el género de las memorias no se dejaría encasillar. Pronto su estructura y su forma fueron aprovechadas por los escritores para escribir narraciones ficticias, hecho que se producirá, sobre todo, en la novela inglesa., la cual, a mediados del siglo se encuentra en plena madurez y es, además, el género preferido por la clase media.  Un ejemplo de estas memorias “de ficción” es Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy, de Laurence Sterne.  Se trata de una obra rara, excéntrica y brillante que demolerá la forma de hacer novela hasta entonces. Tomando como base las memorias incorpora juegos tipográficos (asteriscos que sustituyen a palabras, garabatos, páginas en blanco y otras en negro para subrayar la muerte de un personaje…), referencias culturales (de escritores, filósofos, artistas y políticos contemporáneos y de la Antigüedad). …), saltos temporales constantes que rompen con la linealidad cronológica y divagaciones de la voz narrativa, en las que se ha querido ver un antecedente del monólogo interior. Además, posee una maravillosa expresividad y una estructura tan original que levantó pasiones en los lectores más receptivos y críticas en los más puristas. No obstante, hasta el siglo XX con las Vanguardias estos atrevimientos no tuvieron continuidad.

La editorial Impedimenta ha publicado una novela gráfica basada en la obra de Sterne.

(Imagen encontrada aquí. La imagen aparece acompañada de una referencia sobre la obra)

De memorias y erotismo

El término memoria se inscribe en lo que se ha llamado modernamente la escritura del yo, es decir, cuando el autor cuenta en primera persona una época de su vida o bien su vida entera.  Debe partirse de la presuposición de que lo que se cuenta es real y que el personaje principal coincide con el autor real.  Un ejemplo de este tipo de obra son las Memorias del aventurero ilustrado Giacomo Casanova, que fue encarcelado en la prisión de Los Plomos de la República de Venecia. A raíz de su espectacular evasión de la cárcel fue declarado enemigo de su patria y durante muchos años no pudo volver a ella, por lo que se dedicó a viajar por toda Europa buscando fortuna y placeres.

Conecta este seductor con El burlador de Sevilla, obra de Tirso de Molina, dramaturgo español del siglo XVII. Este prototipo de personaje, conquistador y rebelde también seducirá a los autores románticos. Don Juan Tenorio de José Zorrilla y el “Don Juan” de lord Byron son un ejemplo de ello. Aquí hay un interesante artículo sobre la figura de este seductor y sus trascendencia literaria. El libertino también fue llevado a la ópera en el siglo XVIII por Mozart: se trata de la obra Don Giovanni:

Resultado de imagen de Fanny Hill: Memorias de una cortesana

Como puedes deducir las memorias también se convirtieron en un excelente vehículo donde hacer aparecer ambientes y personajes de “dudosa” reputación. Es el caso de la famosa autobiografía Fanny Hill: Memorias de una cortesana, publicada por John Cleland (1709-1789) hacia 1750. Esta nos contará cómo, empujada por la pobreza que azota a su familia, comienza a ganarse la vida entre burdeles y amantes generosos.

Fanny Hill, «moza alta y pelirroja, de firmes e insolentes pechos y atrayentes tobillos», en palabras de Camilo José Cela, es una incauta jovencita de provincias que cae en la prostitución llevada por sus deseos de probar fortuna en Londres. Allí, como pupila de la señora Brown, su compañera Phoebe la instruirá en el amor lésbico y le enseñará el arte de satisfacer a los hombres. Los difíciles comienzos no arredran a Fanny, que al contemplar ciertos encuentros lúbricos va encendiéndose hasta desear ella misma seguir esos derroteros. Desde ese momento, su vida como pupila en distintos burdeles y como amante de varios hombres la, permite mejorar su estatus social, disfrutar al máximo del placer y conocer el amor romántico de la mano del joven y rico Charles. Obra de referencia del erotismo del Siglo de las Luces, desde su publicación, en 1749, influyó en este género hasta bien entrado el siglo XIX, y, a modo de curiosidad, fue la primera novela cuya venta se prohibió en Estados Unidos, allá por 1819. Información extraída de aquí.

Al convertir al final a Fanny en una burguesa felizmente casada, Cleland contravino con su novela numerosas normas, entre otras, las de las novelas de la época, que condenaban a las prostitutas a la miseria. Frente a la sórdida realidad de la prostitución londinense de aquella época (se inspiró en Fanny Murray, prostituta de 17 años que trabajaba en la Rose Tavern), dejó a un lado todo detalle de mal gusto. Y, por último, se rio de las costumbres cristianas: la novela es la «confesión» de una mujer que jamás renegó de su vida anterior.

 

Caminamos hacia el Renacimiento. Primera parada: Florencia.

“(…) 1348. La epidemia de peste que recorre Europa se está cebando con la orgullosa ciudad de Florencia. Nadie sabía qué hacer ante una enfermedad «que en su comienzo nacían a los varones y a las hembras semejantemente en las ingles o bajo las axilas, ciertas hinchazones que algunas crecían hasta el tamaño de una manzana y otras de un huevo». Así que un grupo de mozos (siete chicas y tres chicos) deciden marcharse a una quinta a las afueras de la ciudad para evitar el contagio y esperar a que este Apocalipsis en forma de plaga acabe cuanto antes. Qué planteamiento, ¿verdad? Si cambiásemos la fecha por una de dentro de unas décadas y la palabra peste por ataque nuclearepidemia zombi o invasión alienígena nos encontraríamos con un blockbuster distópico próximamente en todas sus pantallas. Solo que el Decamerón no es un thriller ni sus personajes viven aterrorizados, pues es más una exaltación luminosa del beatus ille y del collige, virgo, rosas. O lo que es lo mismo, un canto a la esperanza del que huye del mundanal ruido. ¿A quién no le apetecería, por ejemplo, marcharse a una villa en la Toscana con unos amigos hasta que se acabe la crisis de una vez? A eso se dedican estos jóvenes: a disfrutar de la belleza de la vida. Que parece que no, pero existir existe.
En esta página puedes encontrar información del cuadro de John William Waterhouse. 
Oigo desde aquí los comentarios jocosos de algún lector más jocoso aún: «Si son jóvenes, lo que harán es retozar todo el día entre ellos». Muy gracioso esto, sí. Pero todos sabemos que esa no es la verdad. A lo que dedican —y no todos— la mayor parte del tiempo es a intentar retozar. Que es lo que les pasa a estos florentinos veinteañeros. Sobre todo, cómo no, a los varones. Sería más fácil emplear un verbo más directo en lugar de retozar, sí, pero estaríamos traicionando la delicadeza con la que Bocaccio describe el despertar a la sensualidad de estos muchachos y muchachas.
«¿Me está usted diciendo que el Decamerón, esa joya del Renacimiento escrita por Giovanni Bocaccio, que está considerada como la primera obra en prosa escrita en lengua italiana, es un libro de jóvenes en celo?». Pues sí, caballero, es justamente eso lo que estoy diciendo. Me alegro de que usted tenga más comprensión lectora de lo que dice el informe PISA. Lo que no estoy diciendo en absoluto es que el Decamerón sea un libro que merezca la pena leer porque trate de jóvenes en celo. Pero vayamos a lo importante: ¿qué es lo que hacen estos jovencitos para intentar retozar? Pues lo que hemos hecho todos: hacernos los simpáticos, tontear compulsivamente y, sobre todo, contar historias.
Da igual que nosotros comiéramos pipas y echáramos nuestros primeros cigarros en un banco del parque o que los protagonistas del Decamerón canten y rían en ese lugar paradisíaco (locus amoenus para los puristas) en el que están confinados: tanto ellos como nosotros nos desenvolvemos en sociedad contando y escuchando historias; el mayor descubrimiento del ser humano desde la época de las cavernas, cuando hombres y mujeres se sentaban en torno a la hoguera para compartir sus experiencias, sus temores y sus fantasías.
Dicho y hecho: cada uno de ellos contará una historia al día durante el tiempo que durará su estancia en la finca. Pero como en este reality show florentino son todos muy renacentistas (y por tanto amantes del orden y la simetría), los jovencitos deciden amablemente entre ellos que tanto cachondeo tiene que estar regido por unas normas. Así que cada noche uno de ellos será nombrado rey o reina para que, entre otras responsabilidades, decida el tema sobre el que tratarán las historias que se narren el día siguiente. Tan solo a Dioneo, el más ingenioso de todos, se le permite salirse del tema propuesto cada día. (…)”
Fragmento de un artículo de  . Puedes encontrarlo entero en este blog. También hallarás en él otros interesantes artículos sobre la obra.

El Decamerón, de Boccaccio, escrito entre 1351 y 1353, nos sitúa en una encrucijada entre la Edad Media y el Renacimiento. Si bien ya se ha hablado de la obra en entradas anteriores, en esta os voy a dejar la selección de cuentos que vais a leer.  Antes de entrar de lleno en las narraciones haremos una pequeña parad en la Florencia del siglo XIV, cuna del Renacimiento, que vio nacer la obra ( ¡y muchas, muchísimas obras de arte!)

Y ahora sí, vista Florencia, dejamos atrás la peste que asoló la ciudad y nos adentramos en el locus amoenus para escuchar cien  historias en diez días:

Como ya sabes, la obra está organizada en diez jornadas. En cada una de ellas uno de los jóvenes narradores “dirige” el día relatando varios cuentos. Estos se clasifican por temas y jornadas, de la forma que sigue:

  • Primera Jornada: se abordan los vicios humanos, a través de la figura de Judas.
  • Segunda y Tercer Jornada: las historias giran en torno a la Fortuna humana, pero también a la mercantilización.
  • Cuarta Jornada: los jóvenes narran historias que hablan de amores, cuyos finales pueden ser clasificados como finales trágicos.
  • Quinta Jornada: en esta jornada el tema continúa siendo el amor, pero con final feliz.
  • Sexta, Séptima y Octava Jornada: los jóvenes dedican las narraciones de estas jornadas a reflexionar, a través de historias donde el elemento principal es la risa y la picaresca, sobre la capacidad de ingenio del hombre.
  • Novena Jornada: los temas se tornan un poco más trascendentales, apuntando hacia el microcosmos, y la infinita capacidad del humano por convertir su cotidianidad en algo sublime.
  • Décima Jornada: los jóvenes, gracias a la intervención de Griselda (o María) reflexionan sobre la cualidad purificadora del humano, como ser creado a imagen y semejanza de Dios.

La información está extraída de aquí.

Ahora deja que Pampinea, Neifile, Fianmetta, Elisa, Filóstrato y Dioneo te cuenten sus historias. Siéntate con ellas y con ellos aquí, y escucha los cuentos que se  cuentan para ligar, los cuentos que te cuentan (¿para ligar?)

_ Primera Jornada. Narración tercera.

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La reina de la primera jornada es Pampinea, joven hermosa y sensata, feliz en amores. En este primer día hay libertad en el tema de los cuentos, y estos son de carácter tradicional (alguno de ellos de origen árabe) o anecdótico. 

Así comienza la narración tercera:

Después de que, alabada por todos la historia de Neifile, calló ésta, como gustó a la reina, Filomena empezó a hablar así:

-La historia contada por Neifile me trae a la memoria un peligroso caso sucedido a un judío; y porque ya se ha hablado tan bien de Dios y de la verdad de nuestra fe, descender ahora a los sucesos y los actos de los hombres no se deberá hallar mal, y vendré a narrárosla para que, oída, tal vez más cautas os volváis en las respuestas a las preguntas que puedan haceros.

La imagen de la derecha está extraída de aquí.

Puedes ver aquí varias ilustraciones de la Jornada Primera de El Decamerón, publicado por Liber edicionesTodas son obra de Celedonio Perellón.

_ Tercera Jornada. Narración primera.

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Neifile, ingenuamente lasciva, es la reina de la tercera jornada, en la que se desarrollan cuentos sobre personas que logran una cosa largamente deseada o recuperan lo perdido, lo que hace que los narradores procuren emularse y su­perarse en el relato de historias escabrosas en las que el ingenio, el engaño y la mentira se ponen al servicio de la lujuria, como el jardinero Masseto, que fingiéndose mudo hace romper el voto de castidad a todas las monjas de un convento; o el palafrenero que logra sustituir a su rey frente a la reina; el del clérigo que envía a una lejana penitencia al marido de la mujer que le gusta; el del abad que hace creer a un villano que ha muerto y que pena en el purgatorio; el de la joven y hermosa sarracena, Alibech, y el ermitaño de la Tebaida, etc.

_ Tercera Jornada. Narración octava.

“Llegado el fin de la larga historia de Emilia, que a nadie había desagradado por su extensión, sino considerada por todos como narrada brevemente teniendo en cuenta la cantidad y la variedad de los casos contados en ella; la reina, a Laureta mostrando con un solo gesto su deseo, le dio ocasión de comenzar así:

-Carísimas señoras, se me pone delante como digna de ser contada una verdad que tiene, mucho más de lo que fue, aspecto de mentira, y me ha venido a la cabeza al oír contar que uno por otro fue llorado y sepultado. Contaré, pues, cómo un vivo fue sepultado por muerto y cómo después, resucitado y no vivo, él mismo y otros muchos creyeron que había salido de la tumba, siendo por ello venerado como santo quien más bien como culpable debía ser condenado. (…)”

Si pinchas aquí puedes encontrar ilustraciones de la Tercera Jornada realizadas por el dibujante citado arriba.

_ Cuarta Jornada. Narración quinta.

La cuarta jornada, en la que es rey Filóstrato, amante desesperado, se inicia con una autodefensa de Boccaccio. Seguramente, que el Decamerón  fue apareciendo en distintas partes, por eso al llevar a esta jornada ya Boccaccio tiene duras críticas y se tiene que defender. Las anteriores novelas han sido tildadas de indecentes, de no corresponder a la realidad de los hechos y de que el autor se preocupa demasiado por complacer a las mujeres con vanidades y relatos frívolos. Boccaccio se zafa graciosamente de tales acusaciones, conminando a sus detractores a que muestren «los originales» de sus historias y recordando que grandes poetas como Guido Cavalcanti o Dante, también escribieron versos para complacer a las mujeres. De aquellos cuyos amores tuvieron fin desdichado trata esta jornada, en la cual los cuentos son anécdotas vivificadas con nombres históricos, como la hija de Tancredo de Salerno, el trovador catalán Guilhem de Cabestany (de quien se narra la leyenda del corazón comido), pero no faltan las situaciones novelescas y livianas, como en el famoso e irreverente cuento del arcángel San Gabriel y el de la mujer del cirujano y el presunto cadáver de su amante.

La historia que vas a leer, de amor y bótanica, fue recreada por John Keats (1818) en el poema “Isabel o la Maceta de Albahaca” .
Fueron muy numerosas sus representaciones artísticas, sobre todo en el grupo de los prerafaelitas, que hicieron de esta desgraciada historia, uno de sus temas favoritos. Estos son algunos de los cuadros:

Y Waterhouse, a quien ya conoces, así:

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_ Quinta Jornada. Narración octava.

Fiammetta, la perfecta enamorada, es la reina de la jornada quinta, que trata de casos de amor acabados felizmente, por lo general de trama complicada.

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Imagen procedente de aquí.

Presta atención a este cuento. También lo hizo Sandro Botticelli. El pintor reflejó la historia “El infierno de los amantes crueles” en el cuadro La historia de Nastagio degli Onesti . Se trata de un ciclo de cuatro cuadros. Puede verse en el Museo del Prado.

El pintor contó así la historia de Boccaccio:

Aquí puedes “mirar casi a la carta” el cuadro completo.

_ Sexta Jornada. Narración cuarta.

La sexta jornada de la que es reina Elisa (a la derecha hay una imagen de Elisa vista por Waterhousey y debajo la de Celedonio) doncella que ama sin ser correspondida, versa sobre agudezas o frases ingeniosas que han salvado de peligros: anécdotas breves y tajantes, algunas de tema tradicional y otras tomadas de personajes famosos, como Guido Cavalcanti y el pintor Giotto. La jornada se cierra con la divertida historia de fraile Cipolla (cebolla), sátira de los sermones grotescos y de la credulidad del pueblo.

Puedes ver más ilustraciones de los cuentos de la Sexta Jornada pinchando aquí. 

_ Séptima Jornada. Narración novena. 

La séptima, de la que es rey el despreocupado y gracioso Dioneo versa sobre las burlas que las mujeres han hecho a sus maridos, y es un conjunto de trampas y argucias femeni­nas, de las que son víctimas maridos crédulos y estúpidos y que acaban con la escandalosa victoria de la sensualidad.

Imagen tomada de aquí.

También en el siglo XIV Juan Ruiz, arcipreste de Hita escribió El libro del buen amor. En este se incluye una historia  muy parecida a la que acabas de leer. Se trata del cuento del Pintor Pitas Payas, que fue musicalizado por Paco Ibáñez:

La información en cursiva está recogida de este completísimo blog de Literatura Universal del IES “El Tablero”. Gracias al profe o a la profe que comparte esos magníficos apuntes.

El Decamerón dirigido por Elisa Kragerup en  Nationatheatret de Oslo. Aquí puedes ver más fotos del montaje.

Mientras haces el trabajo sobre los cuentos puedes escuchar el Decamerón negro, una suite para guitarra de Leo Brouwer.

Si te apetece puedes ver la adaptación al cine que hizo Pasolini de la obra de Boccaccio:

¿Cómo contarías tú estos cuentos que se elevaron por encima de la peste florentina?  Cándido Pazó te los contará a ti muy pronto. Mientras te esperamos, Cándido Pazó, nosotras y nosotros leemos a Boccaccio.

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El distanciamiento

En respuesta al teatro antirracionalista de las vanguardias, surge entre los dramaturgos alemanes, que asistían inquietos al ascenso del nazismo, una corriente que entiende el teatro como un elemento de lucha social. El teatro ha de ser una herramienta para resolver los problemas políticos y sociales, por eso tiene que implicar al espectador, enseñar. El dramaturgo más importante de este teatro épico o dialéctico es Bertolt Brecht (1898-1956). Su oposición al nazismo y su vinculación con el marxismo lo llevó al exilio desde 1933 hasta 1948. Este es un breve documental sobre el autor:

Busca el distanciamiento del público para así conseguir el valor didáctico, este distanciamiento lo logra con técnicas como el uso de la tercera persona, los apartes, la interrupción de la acción, la importancia del gesto o las máscaras. Mezcla lenguaje coloquial con formas poéticas. Los temas centrales de sus obras son algunas de las grandes preocupaciones del hombre del momento: el poder, la guerra, la justicia.

Entre sus obras destacan Galileo Galilei (1939), Madre Coraje y sus hijos (1941) o El círculo de tiza (1944).

Vídeo promocional de la representación de la obra de Bertolt Brecht en el Teatro Valle-Inclán de Madrid, del 11 de febrero a 4 de abril de 2010, en la versión de Antonio Buero Vallejo y Dirección de Gerardo Vera.