Baudelaire ( y los poetas malditos) nos explican el Fin de Siglo

Antes de escuchar a Baudelaire, vamos a viajar en el tiempo al París de finales de siglo. Nos lleva Toulouse_ Lautrec, el pintor de los bohemios y los burdeles, a quien ya conoces,   hasta el Moulin Rouge:

 

para bailar tango (como Roxanne en Moulin rouge):

En las últimas décadas del siglo XIX  y la primera del XX, en la vida nocturna parisina sobre todo,  se extiende un clima espiritual caracterizado por el cuestionamiento de los valores de la sociedad burguesa. Las características nos las explica Baudelaire en sus poemas. Comenzamos con “El albatros”

Por distraerse, a veces, suelen los marineros
Dar caza a los albatros, grandes aves del mar,
Que siguen, indolentes compañeros de viaje,
Al navío surcando los amargos abismos.

Apenas los arrojan sobre las tablas húmedas,
Estos reyes celestes, torpes y avergonzados,
Dejan penosamente arrastrando las alas,
Sus grandes alas blancas semejantes a remos.

Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil!
Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!
¡Éste quema su pico, sádico, con la pipa,
Aquél, mima cojeando al planeador inválido!

El Poeta es igual a este señor del nublo,
Que habita la tormenta y ríe del ballestero.
Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío,
Sus alas de gigante le impiden caminar.

“Spleen e ideal”en Las flores del mal

Este rechazo del mundo burgués también se traduce en la aparición de dos nuevos tipos sociales: el bohemio y el dandi. El bohemio es un artista inadaptado que se sitúa en los márgenes de la sociedad

“El poeta pobre” de Carl Spitzweg

Me alejaba, las manos en los bolsillos rotos.

Mi levita también se volvía ideal.

Andaba bajo el cielo, Musa, yo, tu vasallo.

¡Oh, sí, sí, qué de amores espléndidos soñados!

Mi único pantalón tenía un agujero.

Soñador Pulgarcito, desgranaba en mi marcha

rimas. Y mi posada era dormir al raso.

Las estrellas, arriba, dulcemente crujían.

Y yo las escuchaba, al borde del camino,

bellas tardes de otoño, en que sobre mi frente,

¡oh!, vino de vigor, goteaba el rocío.

Y allí, rimando en medio de las sombras fantásticas,

tiraba, cual de lira, de los pobres cordones

de mis zapatos rotos, un pie en el corazón.

Arthur Rimbaud, traducción de Vicente Gaos

y mantiene comportamientos amorales y autodestructivos:

A mi lado sin tregua el Demonio se agita;
En torno de mi flota como un aire impalpable;
Lo trago y noto cómo abrasa mis pulmones
De un deseo llenándolos culpable e infinito.

Toma, a veces, pues sabe de mi amor por el Arte,
De la más seductora mujer las apariencias,
y acudiendo a especiosos pretextos de adulón
Mis labios acostumbra a filtros depravados.

Lejos de la mirada de Dios así me lleva,
Jadeante y deshecho por la fatiga, al centro
De las hondas y solas planicies del Hastío,

Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos,
Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas,
¡Y el sangriento aparato que en la Destrucción vive!

“La destrucción”, en Las flores del mal

El dandi se distingue por su refinamiento extremo, casi extravagante, en el vestir, en los modales o en la forma de hablar y encontrará en el escritor irlandés Oscar Wilde su encarnación más característica.

Así vio Lautreac a Wilde:

Portrait of Oscar Wilde - Henri de Toulouse-Lautrec

Ante la imposibilidad de encontrar sentido o justificación de la vida, el tedio (aburrimiento o spleen) se convierte en el estado de ánimo característico de fin de siglo.

“(…) Pero, entre los chacales, las panteras, los podencos,
Los simios, los escorpiones, los gavilanes, las sierpes,
Los monstruos chillones, aullantes, gruñones, rampantes
En la jaula infame de nuestros vicios,

¡Hay uno más feo, más malo, más inmundo!
Si bien no produce grandes gestos, ni grandes gritos,
Haría complacido de la tierra un despojo
Y en un bostezo tragaríase el mundo:

¡Es el Tedio! –los ojos preñados de involuntario llanto,
Sueña con patíbulos mientras fuma su pipa,
Tú conoces, lector, este monstruo delicado,
Hipócrita lector, mi semejante, ¡mi hermano!

Fragmento de “Al lector”,en Las flores del mal

“Spleen”

Cuando el cielo bajo y grávido
pesa como una losa
Sobre el gimiente espíritu
presa de largos tedios,
Y el horizonte abarcando todo el círculo
Nos depara un día negro má
s triste que las noches;

Cuando la tierra se ha convertido
en un húmedo calabozo,
Donde la Esperanza, como un murciélago,
Se va dando golpes contra las paredes
con sus tímidas alas
Y chocando la cabeza con los techos podridos;

Cuando la lluvia esparciendo
sus inmensos regueros
Imita los barrotes de una vasta prisión
Y un pueblo mudo de infames arañas
Viene a tender sus trampas en el fondo de nuestros cerebros,

Unas campanas empiezan de pronto
a tocar furiosamente
Y lanzan al cielo un aullido espantoso,
Como los espíritus errantes y sin patria
Que se ponen a gemir con porfía.

El culto al placer y el erotismo, propios de la época, pueden entenderse como una protesta contra las convenciones burguesas, pero responden, en último caso, a la voluntad de combatir el vacío existencial.

El pecado por Franz Stuck

¡Carne, celeste carne de la mujer! Arcilla

-dijo Hugo-, ambrosía más bien, ¡oh maravilla!,
la vida se soporta,
tan doliente y tan corta,
solamente por eso:
roce, mordisco o beso
en ese pan divino
para el cual nuestra sangre es nuestro vino.
En ella está la lira,
en ella está la rosa,
en ella está la ciencia armoniosa,
en ella se respira
el perfume vital de toda cosa.

Lucía Aldao y María Lado recitan así de bien este poema  extraído de Salomé de Oscar Wilde:

Ven, bello gato, a mi amoroso pecho;
Retén las uñas de tu pata,
Y deja que me hunda en tus ojos hermosos
Mezcla de ágata y metal.

Mientras mis dedos peinan suavemente
Tu cabeza y tu lomo elástico,
Mientras mi mano de placer se embriaga
Al palpar tu cuerpo eléctrico,

A mi señora creo ver. Su mirada
Como la tuya, amable bestia,
Profunda y fría, hiere cual dardo,

Y, de los pies a la cabeza,
Un sutil aire, un peligroso aroma,
Bogan en torno a su tostado cuerpo.

“El gato” en Las flores del mal

¡Cuánto me gusta ver, querida indolente,
de tu cuerpo tan bello,
como una tela vacilante, resplandecer tu piel!

Sobre tu abundante cabellera
De agrios perfumes,
Mar oloroso y vagabundo
De olas azules y oscuras,

Como un navío que se despierta
Al viento de la mañana,
Mi alma soñadora se prepara para partir
Hacia un cielo lejano.

Tus ojos, donde nada se revela
De dulce ni de amargo,
Son dos joyas frías donde se mezcla
El oro con el hierro.

Al verte caminar con cadencia,
Bella en tu abandono,
Se diría que eres una serpiente que danza
En el extremo de un bastón.

Bajo el fardo de tu pereza
Tu cabeza infantil
e balancea con la blandura
De un joven elefante,

Y tu cuerpo se inclina y se prolonga
Como un fino navío
Que se balancea de borda a borda y sumerge
Sus vergas en el agua.

“La serpiente que danza” Charles Baudelaire

El erotismo de  Gustav Klimt

https://i1.wp.com/cdnb.20m.es/trasdos/files/2012/01/Danae-1907-8.jpg

“Dánae” de Klimt

“El beso” de Klimt

 La mujer prerrafaelista, frágil, etérea, espiritualizada será otro prototipo que influirá poderosamente en los simbolistas y decadentistas franceses.

Dante Gabriel Rossetti

El deseo de evasión de una realidad anodina, prosaica (presente ya en la literatura romántica que se relaciona con el rechazo a la sociedad burguesa y el tedio de vivir) es una actitud compartida por los poetas finiseculares

“(…) he aquí que veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos ó imposibles: qué queréis! yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer[…]”

Rubén Darío, Prosas Profanas y Otros Poemas

 

“Brisa marina” de Mallarmé
¡La carne es triste, ay! y ya agoté los libros.
¡Huir, huir allá! Siento a las aves ebrias
De estar entre la ignota espuma y los cielos.
Nada, ni los viejos jardines que los ojos reflejan
Retendrá el corazón que hoy en el mar se anega,
Oh noches, ni la desierta claridad de mi lámpara
Sobre el papel vacío que su blancura veda
Y ni la joven madre que a su niño amamanta.
Partiré ¡Steamer que balanceas tu arboladura,
Leva ya el ancla para la exótica aventura!

Un Tedio, desolado por crueles esperanzas
Cree aún en el supremo adiós de los pañuelos,
Aunque, tal vez, los mástiles que invitan huracanes
Son aquellos que el viento doblega en los naufragios
Perdidos, sin mástiles, sin mástiles ni fértiles islotes…
¡Mas, oh corazón mío, escucha la canción de los marinos!

 

Mi niña, mi hermana,

¡Piensa en la dulzura

De vivir allá juntos!

Amar libremente,

¡Amar y morir

En el país que a ti se parece!

Los soles llorosos

De esos cielos encapotados

Para mi espíritu tienen la seducción

Tan misteriosa

De tus traicioneros ojos,

Brillando a través de sus lágrimas.

Allá, todo es orden y belleza,

Lujo, calma y voluptuosidad.

Muebles relucientes,

Pulidos por los años,

Decorarían nuestra alcoba;

Las más raras flores

Mezclando sus olores

Al vago aroma del ámbar

Los ricos artesonados,

Los espejos profundos,

El esplendor oriental,

Todo allí hablaría

Al alma en secreto

Su dulce lengua natal.

Allá, todo es orden y belleza,

Lujo, calma y voluptuosidad.

Mira en esos canales

Dormir los barcos

Cuyo humor es vagabundo;

Es para saciar

Tu menor deseo

Que vienen desde el cabo del mundo.

-Los soles en el ocaso

Recubren los campos,

Los canales, la ciudad entera,

De jacinto y de oro;

El mundo se adormece

En una cálida luz

Allá, todo es orden y belleza,

Lujo, calma y voluptuosidad.

Las flores del mal Charles Baudelaire (Es casi una nana que Alexiane nos tiene que recitar en francés para que percibamos la musicalidad)
Henri Matisse - “Lujo, calma y voluptuosidad” (1904, óleo sobre lienzo, 95 x 118 cm, Museo d’Orsay, París)
Matisse pintó esta obra en Saint-Tropez, durante el verano de 1904. Había ido allí a pasar las vacaciones con a su amigo Paul Signac, el pintor puntillista, que fue quien acabaría comprando el cuadro. Influido por Signac, Matisse utilizó una técnica pseudo-puntillista, es decir, un puntillismo “a su aire”. Las pinceladas son demasiado grandes para mezclarse en la retina del espectador (comparadlas, por ejemplo, con las de los cuadros de Seurat: http://bit.ly/1CfrLHY) y las figuras están delimitadas por líneas, en vez de puntos. Además, colorido que utiliza es demasiado vivo y estridente. Por este último motivo, este cuadro está considerado como una de las primeras obras del Fauvismo (http://bit.ly/1sSEzNN).
El título alude a uno de los versos del poema “La invitación al viaje” de Charles Baudelaire: “Là, tout n’est qu’ordre et beauté / Luxe, calme et volupté.” (Allí todo es orden y belleza / lujo, calma y voluptuosidad.). Y el tema es una reinterpretación del clásico paisaje idílico con bañistas, que llevaba pintándose desde el Renacimiento. Sin embargo, Matisse añade pequeños detalles que lo convierten en una escena contemporánea: la jarra que hay sobre el mantel, el hombre calvo vestido (que parece un fauno-voyeur) o la gorra de capitán que lleva puesta una de las chicas,l.
Es una visión nostálgica y moderna de la mítica Arcadia, cuyos habitantes se pasaban los días vagueando en el campo, bañándose, cantando, comiendo, bailando y “queriéndose” unos a otros, sin tener que preocuparse por nada. Yo me apuntaría encantada.
 Henri Matisse – “Lujo, calma y voluptuosidad” (1904, óleo sobre lienzo, 95 x 118 cm, Museo d’Orsay, París)
Esta aspiración explica la ambientación en geografías remotas o imaginarias, la recreación de episodios y personajes de la mitología, los cuentos de hadas o del pasado legendario, los ambientes refinados, lujosos, exóticos

Esta actitud preciosista  y evasiva se traduce, en pintura,en el Prerrafaelismo (se recrean personajes literarios o legendarios, con una ambientación medieval)

La Ofelia que ya conoces de Millais

Y la Beatriz de Dante vista por Rossetti:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Helena de Troya” de Evelyn de Morgan

“La dama de Shaloot” de Waterhouse

The Lady of Shalott de Arthur Hughes

Por otra parte, con frecuencia el bohemio recurre al alcohol y las drogas para escapar de esa realidad insoportable. El pintor impresionista Degas pintó “Los bebedores de absenta”:

Un café con doble de tranquilidad, por favor

Hay que estar siempre borracho. Todo consiste en eso: es la única cuestión. Para no sentir la carga horrible del Tiempo, que os rompe los hombros y os inclina hacia el suelo, tenéis que embriagaros sin tregua.

Pero ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, de lo que queráis.
Pero embriagaos.
Y si alguna vez, en las gradas de un palacio, sobre la hierba verde
de un foso, en la tristona soledad de vuestro cuarto, os
despertáis, diminuida ya o disipada la embriaguez, preguntad al
viento, a la ola, a la estrella, al ave, al reloj, a todo lo que huye, a
todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a
todo lo que habla, preguntadle la hora que es; y el viento, la ola,
la estrella, el ave, el reloj, os contestarán: «¡Es hora de
emborracharse! Para no ser esclavos y mártires del Tiempo,
embriagaos, embriagaos sin cesar. De vino, de poesía o de
virtud; de lo que queráis.»

Poema  número 33 de El spleen de París

También puede entenderse como una respuesta al mercantilismo y al sentido práctico propios de la burguesía el ideal de “el arte por el arte”, la búsqueda de la belleza como un fin en sí misma .

Este esteticismo se mantiene en el gusto por la decoración y líneas curvas del diseño,el desarrollo de las artes gráficas, la pintura o arquitectura de Fin de Siglo.

 

Los artistas buscan en lo bello un refugio frente al prosaísmo de la realidad, pues la belleza vuelve “menos ruin a este mundo, y este tiempo, más leve”

 

 

 

Casa Batlló diseñada por el arquitecto modernista Gaudí.

 

Himno a la belleza

¿Vienes del cielo profundo o surges del abismo,
Oh, Belleza? Tu mirada infernal y divina,
Vuelca confusamente el beneficio y el crimen,
Y se puede, por eso, compararte con el vino.

Tú contienes en tu mirada el ocaso y la aurora;
Tú esparces perfumes como una tarde [tempestuosa;
Tus besos son un filtro y tu boca un ánfora
Que tornan al héroe flojo y al niño valiente.

¿Surges tú del abismo negro o desciendes de [los astros?
El Destino encantado sigue tus faldas como un [perro;
Tú siembras al azar la alegría y los desastres,
Y gobiernas todo y no respondes de nada,

Tú marchas sobre muertos, Belleza, de los que [te burlas;
De tus joyas el Horror no es lo menos [encantador,
Y la Muerte, entre tus más caros dijes,
Sobre tu vientre orgulloso danza amorosamente.

El efímero deslumbrado marcha hacia ti, [candela,
Crepita, arde y dice: ¡Bendigamos esta [antorcha!
El enamorado, jadeante, inclinado sobre su bella
Tiene el aspecto de un moribundo acariciando [su tumba.

Que procedas del cielo o del infierno, qué [importa,
¡Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, [ingenuo!
Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la [puerta
De un infinito que amo y jamás he conocido?

De Satán o de Dios ¿qué importa? Ángel o [Sirena,
¿Qué importa si, tornas —hada con ojos de [terciopelo,
Ritmo, perfume, fulgor ¡oh, mi única reina!—
El universo menos horrible y los instantes [menos pesados?

Los carteles de Mucha

y de Bearsley

 

Si el positivismo había sido el movimiento filosófico subyacente a la novela realista y naturalista, la literatura finisecular se relaciona con las doctrinas irracionalistas y vitalistas de Schopenhauer, Nietzsche o Bergson que suponen el rechazo de la razón y la ciencia como instrumentos de conocimiento y motores del progreso.

Según el filósofo alemán Schopenhauer, la voluntad produce en el ser humano un afán perpetuo de satisfacer sus apetitos vitales. Este deseo irracional e insaciable, causa un dolor que solo el arte y singularmente la música, puede aplacar.

El también alemán Nietzsche lleva a cabo una crítica radical sobre los valores sobre las que se había asentado la civilización occidental: la razón y el cristianismo.

Para el pensador francés Bergson, la intuición debe sustituir a la razón como fuente de conocimiento.

Archivo:Correspondencias.jpg

“Correspondencias”

La Natura es un templo donde vividos pilares
Dejan, a veces, brotar confusas palabras;
El hombre pasa a través de bosques de símbolos
que lo observan con miradas familiares.

Como prolongados ecos que de lejos se confunden
En una tenebrosa y profunda unidad,
Vasta como la noche y como la claridad,
Los perfumes, los colores y los sonidos se responden.

Hay perfumes frescos como carnes de niños,
Suaves cual los oboes, verdes como las praderas,
Y otros, corrompidos, ricos y triunfantes,

Que tienen la expansión de cosas infinitas,
Como el ámbar, el almizcle, el benjuí y el incienso,
Que cantan los transportes del espíritu y de los sentidos.

Charles Baudelaire, Las flores del mal

Aquí puedes leer el poema analizado

Se produce, además, un auge de las doctrinas ocultistas o de un vago misticismo panteísta que propugna la unión del yo con el cosmos. Se trata de formas alternativas de espiritualidad que intentan llenar el vacío de trascendencia producido por el positivismo y el debilitamiento de las creencias religiosas tradicionales.

“La tumba de Charles Baudelaire
El templo sepultado divulga por la boca
Sepulcral de cloaca babeando rubí y barro
Abominablemente algún ídolo Anubis
Todo el hocico en llamas como un feroz ladrido.
O bien que el gas reciente tuerza la mecha bizca
Lo que enjuga sabemos los oprobios sufridos
Iluminando huraño un pubis inmortal
Cuyo vuelo según reverbera pernocta.
Qué follaje secado en ciudades sin noche
Bendecirá votivo como ella al sentarse
Vanamente en el mármol de Baudelaire.
Al velo que la ciñe ausente escalofríos
Esa su Sombra aún un tutelar veneno
A respirarlo siempre aunque de ellos muramos.
De su obra nos quedan Las flores del mal y Spleen de París (pequeños poemas en prosa):
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