Caminamos hacia el Renacimiento. Primera parada: Florencia.

“(…) 1348. La epidemia de peste que recorre Europa se está cebando con la orgullosa ciudad de Florencia. Nadie sabía qué hacer ante una enfermedad «que en su comienzo nacían a los varones y a las hembras semejantemente en las ingles o bajo las axilas, ciertas hinchazones que algunas crecían hasta el tamaño de una manzana y otras de un huevo». Así que un grupo de mozos (siete chicas y tres chicos) deciden marcharse a una quinta a las afueras de la ciudad para evitar el contagio y esperar a que este Apocalipsis en forma de plaga acabe cuanto antes. Qué planteamiento, ¿verdad? Si cambiásemos la fecha por una de dentro de unas décadas y la palabra peste por ataque nuclearepidemia zombi o invasión alienígena nos encontraríamos con un blockbuster distópico próximamente en todas sus pantallas. Solo que el Decamerón no es un thriller ni sus personajes viven aterrorizados, pues es más una exaltación luminosa del beatus ille y del collige, virgo, rosas. O lo que es lo mismo, un canto a la esperanza del que huye del mundanal ruido. ¿A quién no le apetecería, por ejemplo, marcharse a una villa en la Toscana con unos amigos hasta que se acabe la crisis de una vez? A eso se dedican estos jóvenes: a disfrutar de la belleza de la vida. Que parece que no, pero existir existe.
En esta página puedes encontrar información del cuadro de John William Waterhouse. 
Oigo desde aquí los comentarios jocosos de algún lector más jocoso aún: «Si son jóvenes, lo que harán es retozar todo el día entre ellos». Muy gracioso esto, sí. Pero todos sabemos que esa no es la verdad. A lo que dedican —y no todos— la mayor parte del tiempo es a intentar retozar. Que es lo que les pasa a estos florentinos veinteañeros. Sobre todo, cómo no, a los varones. Sería más fácil emplear un verbo más directo en lugar de retozar, sí, pero estaríamos traicionando la delicadeza con la que Bocaccio describe el despertar a la sensualidad de estos muchachos y muchachas.
«¿Me está usted diciendo que el Decamerón, esa joya del Renacimiento escrita por Giovanni Bocaccio, que está considerada como la primera obra en prosa escrita en lengua italiana, es un libro de jóvenes en celo?». Pues sí, caballero, es justamente eso lo que estoy diciendo. Me alegro de que usted tenga más comprensión lectora de lo que dice el informe PISA. Lo que no estoy diciendo en absoluto es que el Decamerón sea un libro que merezca la pena leer porque trate de jóvenes en celo. Pero vayamos a lo importante: ¿qué es lo que hacen estos jovencitos para intentar retozar? Pues lo que hemos hecho todos: hacernos los simpáticos, tontear compulsivamente y, sobre todo, contar historias.
Da igual que nosotros comiéramos pipas y echáramos nuestros primeros cigarros en un banco del parque o que los protagonistas del Decamerón canten y rían en ese lugar paradisíaco (locus amoenus para los puristas) en el que están confinados: tanto ellos como nosotros nos desenvolvemos en sociedad contando y escuchando historias; el mayor descubrimiento del ser humano desde la época de las cavernas, cuando hombres y mujeres se sentaban en torno a la hoguera para compartir sus experiencias, sus temores y sus fantasías.
Dicho y hecho: cada uno de ellos contará una historia al día durante el tiempo que durará su estancia en la finca. Pero como en este reality show florentino son todos muy renacentistas (y por tanto amantes del orden y la simetría), los jovencitos deciden amablemente entre ellos que tanto cachondeo tiene que estar regido por unas normas. Así que cada noche uno de ellos será nombrado rey o reina para que, entre otras responsabilidades, decida el tema sobre el que tratarán las historias que se narren el día siguiente. Tan solo a Dioneo, el más ingenioso de todos, se le permite salirse del tema propuesto cada día. (…)”
Fragmento de un artículo de  . Puedes encontrarlo entero en este blog. También hallarás en él otros interesantes artículos sobre la obra.

El Decamerón, de Boccaccio, escrito entre 1351 y 1353, nos sitúa en una encrucijada entre la Edad Media y el Renacimiento. Si bien ya se ha hablado de la obra en entradas anteriores, en esta os voy a dejar la selección de cuentos que vais a leer.  Antes de entrar de lleno en las narraciones haremos una pequeña parad en la Florencia del siglo XIV, cuna del Renacimiento, que vio nacer la obra ( ¡y muchas, muchísimas obras de arte!)

Y ahora sí, vista Florencia, dejamos atrás la peste que asoló la ciudad y nos adentramos en el locus amoenus para escuchar cien  historias en diez días:

Como ya sabes, la obra está organizada en diez jornadas. En cada una de ellas uno de los jóvenes narradores “dirige” el día relatando varios cuentos. Estos se clasifican por temas y jornadas, de la forma que sigue:

  • Primera Jornada: se abordan los vicios humanos, a través de la figura de Judas.
  • Segunda y Tercer Jornada: las historias giran en torno a la Fortuna humana, pero también a la mercantilización.
  • Cuarta Jornada: los jóvenes narran historias que hablan de amores, cuyos finales pueden ser clasificados como finales trágicos.
  • Quinta Jornada: en esta jornada el tema continúa siendo el amor, pero con final feliz.
  • Sexta, Séptima y Octava Jornada: los jóvenes dedican las narraciones de estas jornadas a reflexionar, a través de historias donde el elemento principal es la risa y la picaresca, sobre la capacidad de ingenio del hombre.
  • Novena Jornada: los temas se tornan un poco más trascendentales, apuntando hacia el microcosmos, y la infinita capacidad del humano por convertir su cotidianidad en algo sublime.
  • Décima Jornada: los jóvenes, gracias a la intervención de Griselda (o María) reflexionan sobre la cualidad purificadora del humano, como ser creado a imagen y semejanza de Dios.

La información está extraída de aquí.

Ahora deja que Pampinea, Neifile, Fianmetta, Elisa, Filóstrato y Dioneo te cuenten sus historias. Siéntate con ellas y con ellos aquí, y escucha los cuentos que se  cuentan para ligar, los cuentos que te cuentan (¿para ligar?)

_ Primera Jornada. Narración tercera.

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La reina de la primera jornada es Pampinea, joven hermosa y sensata, feliz en amores. En este primer día hay libertad en el tema de los cuentos, y estos son de carácter tradicional (alguno de ellos de origen árabe) o anecdótico. 

Así comienza la narración tercera:

Después de que, alabada por todos la historia de Neifile, calló ésta, como gustó a la reina, Filomena empezó a hablar así:

-La historia contada por Neifile me trae a la memoria un peligroso caso sucedido a un judío; y porque ya se ha hablado tan bien de Dios y de la verdad de nuestra fe, descender ahora a los sucesos y los actos de los hombres no se deberá hallar mal, y vendré a narrárosla para que, oída, tal vez más cautas os volváis en las respuestas a las preguntas que puedan haceros.

La imagen de la derecha está extraída de aquí.

Puedes ver aquí varias ilustraciones de la Jornada Primera de El Decamerón, publicado por Liber edicionesTodas son obra de Celedonio Perellón.

_ Tercera Jornada. Narración primera.

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Neifile, ingenuamente lasciva, es la reina de la tercera jornada, en la que se desarrollan cuentos sobre personas que logran una cosa largamente deseada o recuperan lo perdido, lo que hace que los narradores procuren emularse y su­perarse en el relato de historias escabrosas en las que el ingenio, el engaño y la mentira se ponen al servicio de la lujuria, como el jardinero Masseto, que fingiéndose mudo hace romper el voto de castidad a todas las monjas de un convento; o el palafrenero que logra sustituir a su rey frente a la reina; el del clérigo que envía a una lejana penitencia al marido de la mujer que le gusta; el del abad que hace creer a un villano que ha muerto y que pena en el purgatorio; el de la joven y hermosa sarracena, Alibech, y el ermitaño de la Tebaida, etc.

_ Tercera Jornada. Narración octava.

“Llegado el fin de la larga historia de Emilia, que a nadie había desagradado por su extensión, sino considerada por todos como narrada brevemente teniendo en cuenta la cantidad y la variedad de los casos contados en ella; la reina, a Laureta mostrando con un solo gesto su deseo, le dio ocasión de comenzar así:

-Carísimas señoras, se me pone delante como digna de ser contada una verdad que tiene, mucho más de lo que fue, aspecto de mentira, y me ha venido a la cabeza al oír contar que uno por otro fue llorado y sepultado. Contaré, pues, cómo un vivo fue sepultado por muerto y cómo después, resucitado y no vivo, él mismo y otros muchos creyeron que había salido de la tumba, siendo por ello venerado como santo quien más bien como culpable debía ser condenado. (…)”

Si pinchas aquí puedes encontrar ilustraciones de la Tercera Jornada realizadas por el dibujante citado arriba.

_ Cuarta Jornada. Narración quinta.

La cuarta jornada, en la que es rey Filóstrato, amante desesperado, se inicia con una autodefensa de Boccaccio. Seguramente, que el Decamerón  fue apareciendo en distintas partes, por eso al llevar a esta jornada ya Boccaccio tiene duras críticas y se tiene que defender. Las anteriores novelas han sido tildadas de indecentes, de no corresponder a la realidad de los hechos y de que el autor se preocupa demasiado por complacer a las mujeres con vanidades y relatos frívolos. Boccaccio se zafa graciosamente de tales acusaciones, conminando a sus detractores a que muestren «los originales» de sus historias y recordando que grandes poetas como Guido Cavalcanti o Dante, también escribieron versos para complacer a las mujeres. De aquellos cuyos amores tuvieron fin desdichado trata esta jornada, en la cual los cuentos son anécdotas vivificadas con nombres históricos, como la hija de Tancredo de Salerno, el trovador catalán Guilhem de Cabestany (de quien se narra la leyenda del corazón comido), pero no faltan las situaciones novelescas y livianas, como en el famoso e irreverente cuento del arcángel San Gabriel y el de la mujer del cirujano y el presunto cadáver de su amante.

La historia que vas a leer, de amor y bótanica, fue recreada por John Keats (1818) en el poema “Isabel o la Maceta de Albahaca” .
Fueron muy numerosas sus representaciones artísticas, sobre todo en el grupo de los prerafaelitas, que hicieron de esta desgraciada historia, uno de sus temas favoritos. Estos son algunos de los cuadros:

Y Waterhouse, a quien ya conoces, así:

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_ Quinta Jornada. Narración octava.

Fiammetta, la perfecta enamorada, es la reina de la jornada quinta, que trata de casos de amor acabados felizmente, por lo general de trama complicada.

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Imagen procedente de aquí.

Presta atención a este cuento. También lo hizo Sandro Botticelli. El pintor reflejó la historia “El infierno de los amantes crueles” en el cuadro La historia de Nastagio degli Onesti . Se trata de un ciclo de cuatro cuadros. Puede verse en el Museo del Prado.

El pintor contó así la historia de Boccaccio:

Aquí puedes “mirar casi a la carta” el cuadro completo.

_ Sexta Jornada. Narración cuarta.

La sexta jornada de la que es reina Elisa (a la derecha hay una imagen de Elisa vista por Waterhousey y debajo la de Celedonio) doncella que ama sin ser correspondida, versa sobre agudezas o frases ingeniosas que han salvado de peligros: anécdotas breves y tajantes, algunas de tema tradicional y otras tomadas de personajes famosos, como Guido Cavalcanti y el pintor Giotto. La jornada se cierra con la divertida historia de fraile Cipolla (cebolla), sátira de los sermones grotescos y de la credulidad del pueblo.

Puedes ver más ilustraciones de los cuentos de la Sexta Jornada pinchando aquí. 

_ Séptima Jornada. Narración novena. 

La séptima, de la que es rey el despreocupado y gracioso Dioneo versa sobre las burlas que las mujeres han hecho a sus maridos, y es un conjunto de trampas y argucias femeni­nas, de las que son víctimas maridos crédulos y estúpidos y que acaban con la escandalosa victoria de la sensualidad.

Imagen tomada de aquí.

También en el siglo XIV Juan Ruiz, arcipreste de Hita escribió El libro del buen amor. En este se incluye una historia  muy parecida a la que acabas de leer. Se trata del cuento del Pintor Pitas Payas, que fue musicalizado por Paco Ibáñez:

La información en cursiva está recogida de este completísimo blog de Literatura Universal del IES “El Tablero”. Gracias al profe o a la profe que comparte esos magníficos apuntes.

El Decamerón dirigido por Elisa Kragerup en  Nationatheatret de Oslo. Aquí puedes ver más fotos del montaje.

Mientras haces el trabajo sobre los cuentos puedes escuchar el Decamerón negro, una suite para guitarra de Leo Brouwer.

Si te apetece puedes ver la adaptación al cine que hizo Pasolini de la obra de Boccaccio:

¿Cómo contarías tú estos cuentos que se elevaron por encima de la peste florentina?  Cándido Pazó te los contará a ti muy pronto. Mientras te esperamos, Cándido Pazó, nosotras y nosotros leemos a Boccaccio.

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Locus amoenus

Hermosas ninfas, que, en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;

agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,

que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.

Garcilaso de la Vega

“Hilas y ninfas” de John William Waterhouse

Locus amoenus es un término literario derivado del latín que significa lugar ameno o placentero y generalmente se hace referencia a un lugar idealizado, que es fuente de seguridad, de belleza, de confort. Además, suele ser lugar de encuentro entre los amantes.  En la literatura, es frecuente la utilización de estos lugares imaginarios e idealizados. 

Ya en la Odisea de Homero la naturaleza participaba de lo divino. En ese locus amoenus vivían las ninfas rodeadas de belleza. El jardín de Alcínoo descrito en la obra aparecen las características del tópico: prado fértil con árboles frutales productivos, corrientes de agua cristalina custodiadas por las flores y el canto de los pájaros… En definitiva, un lugar que se asemeja al Edén.

Chagall pinta el momento en que Odiseo llega palacio de Alcinoo (Canto VII) y es atendido por una esclava e invitado al banquete que se celebra en su honor. Puedes ver aquí más imágenes de la Odisea del mismo pintor.

Estos mismos lugares amenos aparecen ya en las composiciones poéticas pastoriles de Virgilio (concretamente en las Bucólicas, también conocidas como Églogas) y de Teócrito (Los Idilios). Asimismo en esta oda, Horacio describe el paisaje idílico de manera detallada, a pesar de tratarse un fragmento reducido:

“ Se fueron las nieves, ya vuelve la yerba a los campos

y al árbol su cabellera; cambia

de modos la tierra y los ríos decrecen corriendo de

nuevo por los cauces de siempre

 

la Gracia y las ninfas, hermanas gemelas, desnudas se

atreven a dirigir sus coros.”

Ya en la literatura medieval castellana encontramos Gonzalo de Berceo describe un perfecto locus amoenus en sus Milagros de Nuestra Señora:

Yo, el maestro Gonzalo de Berceo llamado,

yendo en romería acaecí en un prado

verde, y bien sencido, de flores bien poblado,

lugar apetecible para el hombre cansado.

Daban olor soberbio las flores bien olientes,

refrescabn al par las caras y las mentes;

manaban cada canto fuentes claras corrientes,

en verano bien frías, en invierno calientes.

Gran abundancia había de buenas arboledas,

higueras y granados, perales, manzanedas,

y muchas otras frutas de diversas monedas,

pero no las había ni podridas ni acedas.

La verdura del prado, el olor de las flores,

las sombras de los árboles de templados sabores

refrescáronme todo, y perdí los sudores:

podría vivir el hombre con aquellos olores.

También en la literatura medieval inglesa se encuentran ejemplos de este tipo de naturaleza, concretamente  la localidad de Heorot , que se describe en  Beowulf es un locus amoenus hasta que la ataca Grendel.

Por otro lado, 
Boccaccio en el Decamerón, sitúa a los diez narradores en un jardín que se corresponde con la definición de locus amoenus. Los narradores, en este jardín, pasan las tardes bajo una arboleda a la sombra fresca que les sirve para alejarse de sus preocupaciones y entretenerse agradable y alegramente, olvidándose de la tristeza.

A Tale from Decameron por John William Waterhouse

Como no podía ser de otra forma, la naturaleza del Renacimiento sigue los cánones de esta tradición bucólica que será recogida por varios autores. De estas obras habían quedado  fijadas unas características  fundamentales: la transfiguración pastoril del poeta que, desdoblado en pastor, tiene la oportunidad de expresar sus sentimientos amorosos y el estereotipo paisajístico del locus amoenus, recreación platónica de la naturaleza que, aparte de su función estética, tendrá diversos significados simbólicos en relación con el estado anímico del poeta: puede ser un simple marco campestre en el que los enamorados viven sus amores y desamores o espejo del amor y de los estados de ánimo de los enamorados. Sería esta  una naturaleza condoliente que comprende al poeta y se compadece de su aflicción (la fuente llora, las aves cantan sus penas…). En ocasiones lo que refleja es la belleza de la dama con la cual compite.

Será Garcilaso de la Vega el primer poeta pastoril de nuestro idioma. Célebre por sus églogas (composición poética caracterizada por una visión idealizada del campo) que muestran muy bien el locus amoenus como se refleja en los versos que abren esta entrada, recupera los lugares idílicos de Virgilio.

El elogio de la vida retirada de las ciudades (beatus ille) y el canto de alabanza a la vida en el campo y al cultivo del huerto es el tema de la  famosa “Oda a la vida retirada” de Fray Luis de León:

“Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido; (…)

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido (…)”

Ya en prosa, uno de los autores renacentistas que recreó en sus obras  este  locus amoenus al más puro estilo clásico fue  Sannazaro en su novela pastoril La Arcadia.  Asimismo , Jorge de Montemayor publicó la primera novela pastoril española: Los siete libros de Diana, o, simplemente, La Diana . Otra obra que siguió este modelo es La Diana Enamorada de Gaspar Gil Polo .

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Cervantes también se dejó seducir  por el género pastoril  y compuso La Galatea. También en el Quijote hay episodios bucólicos como el de la pastora Marcela y Crisóstomo. En otro pasaje del libro, don Quijote le propone a Sancho que se conviertan en pastores, y así Cervantes lleva adelante su parodia del lenguaje y las costumbres pastoriles: “nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando aquí, endechando allá, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o de los limpios arroyuelos (…) Daránnos con abundantísima mano de su dulcísimo fruto las encinas…”.

Por su parte, Lope de Vega  escribió a imitación de la de Sannazaro  su propia Arcadia , que tuvo un éxito considerable.

Con respecto a la literatura inglesa, en las obras de William Shakespeare, el locus amoenus es el espacio que se encuentra fuera de los límites de la ciudad. Es allí donde las pasiones eróticas pueden ser libremente exploradas, fuera de la civilización y de esta manera, ocultos del orden social que tiende a suprimir y regular el comportamiento sexual. Es misterioso y oscuro, un lugar femenino, opuesto a la rígida estructura civil masculina. Se pueden encontrar ejemplos en Sueño de una noche de verano, Como gustéis o Tito Andrónico.

Fausto

Pero lo desconocido e inquietante también se mezcla con la religión, como en la Edad Media. Demonios y monstruos subterráneos no dejan de llenar la fantasía de poetas y pintores. En el poema épico del inglés John Milton (1608-1674) El paraíso perdido, que versa sobre las caídas de Lucifer del Cielo, y de Adán y de Eva del Paraíso (recuerda el motivo bíblico), las escenas de horror y caos se suceden. La Culpa, acompañada dela Muerte, se hace aliada de Satanás después de que Eva ha comido de la manzana. Entonces la Muerte implanta su reinado sobre la Tierra.

Pablo Auladell ha trasladado a novela gráfica el texto de Milton. Está publicado por la editorial Sexto Piso y puedes encontrarlo en la biblioteca del instituto:

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La muerte aparecerá también de manera terrorífica en una famosa obra de teatro: La trágica historia de la vida y muerte del doctor Fausto, del dramaturgo inglés Marlowe (1564-1593). En ella se cuenta cómo Fausto vende su alma al diablo a cambio de unos goces terrenales. Es una elección entre cuerpo y alma, entre tiempo y eternidad, entre mundo y religión. Fausto elige el cuerpo, el tiempo, el mundo y acaba condenándose. Lo contrario habría sido impensable no solo en los siglos del medievo sino hasta en el siglo XVI y XVII.

Asimismo, en Fausto  aparecen constantemente demonios y espíritus, como también sucederá  en las obras de Shakespeare (es el caso de Hamlet, por ejemplo).

Está ronco el cuervo que anuncia con graznidos

 

Brujas, demonios, espectros y monstruos alados pueblan la fantasía de estos siglos. Aparecen ya en Macbeth :

Lady Macbeth.- Está ronco el cuervo que anuncia con graznidos la fatal llegada de Duncan a mi castillo. ¡Espíritus, venid! venid a mí, puesto que presidís los pensamientos de muerte! Privadme ahora de mi sexo y llenadme de la más temible crueldad, desde la coronilla al pulgar del pie: espesad mi sangre ¡Que se bloquen todas las puertas a la piedad! ¡Que no vengan a mí contritos sentimientos naturales a perturbar mi propósito cruel, o a poner tregua a su realización! ¡Venid hasta mis pechos de mujer y transformad mi leche en hiel, espíritus de muerte que por doquier estáis -esencias invisibles- al acecho de que Naturaleza se destruya!¡Ven, densa noche, ven y envuélvete en el más maldito humo de infierno, para que mi agudo cuchillo no vea sus heridas, ni el cielo atisbe  a través de las  mantas de la tiniebla  para gritar ¡basta, basta!
Coro.- ¡Basta, basta! ¡Detente!   
Lady Macbeth.  (Llega Macbeth). ¡Noble señor de Glamis y de Cáudor, aún más ilustre que uno y otro por la profética salutación de las hechiceras! tu carta me ha hecho salir de lo presente, y columbrar lo futuro, y extasiarme con él.
Macbeth. – Esposa mía, esta noche llega….
Lady Macbeth. – ¿Y cuándo se va?
Macbeth. – Dice que mañana.

Por otro lado, también encontramos el mundo de la hechicería en la obra La Celestina de Fernando de Rojas.

Nuria Espert interpretando el conjuro de Celestina

Elogio de la locura

Algo tendrá que tener la locura para que  Erasmo le escriba un  Elogio de la locura. En esta obra  la Locura  nos describe con ironía las costumbres de su tiempo.  No solo Erasmo se sintió atraído por la locura, Cervantes imaginó a un loco soñador.  Se trata  de don Quijote, cuya locura idealista es el motor que mueve la acción del caballero y provoca que transforme la realidad. La visión idealista de la vida se expresa a través de esa supuesta demencia. Encontramos también una locura instrumental: la de Hamlet. Este se finge loco para averiguar la verdad sobre la muerte del padre. Esta locura fingida provocará, sin embargo, la locura real de Ofelia.

Ofelia, cuadro de John Everett Millais

Esta locura femenina aparecerá también en otras obras de Shakespeare.  En Macbeth, es famosa la escena en que la reina Lady Macbeth es observada por su Dama y un Doctor, mientras se levanta del lecho. Se frota la mancha de sangre causada por el regicidio que ha cometido con la ayuda de su esposo:

Castillo de Dunsinania

UN MÉDICO, UNA DAMA Y LADY MACBETH

EL MÉDICO. – Aunque hemos permanecido dos noches en vela, nada he visto que confirme vuestros temores. ¿Cuándo la visteis levantarse por última vez?

LA DAMA. – Después que el Rey se fue a la guerra, la he visto muchas veces levantarse, vestirse, sentarse a su mesa, tomar papel, escribir una carta, cerrarla, sellarla, y luego volver a acostarse: todo ello dormida.

EL MÉDICO. – Grave trastorno de su razón arguye el ejecutar en sueños los actos de la vida. ¿Y recuerdas que haya dicho alguna palabra?

LA DAMA. – Si, pero nunca las repetiré.

EL MÉDICO. – A mí puedes decírmelas.

LA DAMA. – Ni a ti, ni a nadie, porque no podría yo presenter testigos en apoyo de mi relato.

(Entra Lady Macbeth, sonámbula, y con una luz en la mano)

Aquí está, como suele, y dormida del todo. Acércate y repara.

EL MÉDICO. – ¿Dónde tomó esa luz?

LA DAMA. – La tiene siempre junto a su lecho. Así lo ha mandado.

EL MÉDICO. – Tiene los ojos abiertos.

LA DAMA. – Pero no ve.

EL MÉDICO. – Mira cómo se retuerce las manos.

LA DAMA. – Es su ademán más frecuente. Hace como quien se las lava.

LADY MACBETH. – Todavía están manchadas.

EL MÉDICO. – Oiré cuanto hable, y no lo borraré de la memoria.

LADY MACBETH. – ¡Lejos de mí esta horrible mancha!… Ya es la una… Las dos… Ya es hora… Qué triste está el infierno… ¡Vergüenza para ti, marido mío!… ¡Guerrero y cobarde!… ¿Y qué importa que se sepa, si nadie puede juzgarnos?… ¿Peru cómo tenía aquel viejo tanta sangre?

EL MÉDICO. – ¿Oyes?

LADY MACBETH. – ¿Dónde está la mujer del señor Fife?… ¿Pero por qué no se lavan nunca mis manos?… Calma, señor, calma… ¡Qué dañosos son esos arrebatos!

EL MÉDICO. – Oye, oye: ya sabemos lo que no debíamos saber.

LA DAMA. – No tiene conciencia de lo que dice. La verdad sólo Dios la sabe.

LADY MACBETH. – Todavía siento el olor de la sangre. Todos los aromas de Oriente no bastarían a quitar de esta pequeña mano mía el olor de la sangre.

EL MÉDICO. – ¡Qué oprimido está ese corazón!

LA DAMA. – No le llevaría yo en el pecho, por toda la dignidad que ella pueda tener.

EL MÉDICO. – No sé curar tales enfermedades, pero he visto sonámbulos que han muerto como unos santos.

LADY MACBETH. – Lávate las manes. Vístete. Vuelva el color a tu semblante. Macbeth está bien muerto, y no ha de volver de su sepulcro… A la cama, a la cama… Llaman a la puerta… Ven, dame la mano… ¿Quién deshace lo hecho?… A la cama.

Por otra parte,el dramaturgo francés  Jean Baptiste Racine (1639-1699) se interesó  por mostrar en sus tragedias más que acciones externas los conflictos interiores de los personajes. Sus protagonistas se debaten entre sentimientos apasionados, aunque triunfa al final el sentido del deber, guiado por la razón. También eligió como protagonista de sus obras a una mujer que roza la locura: Fedra, basada en los amores de esta hacia su hijastro. En esta tragedia Hipólito deja de ser el joven misógino de la obra clásica de Eurípides  y Fedra le declara su amor al creer que su marido Teseo está muerto. Dice la Fedra de Racine:

FEDRA.- ¡Ah, dolor aún no probado! ¡Para qué nuevo tormento fui reservada! Todo lo que he sufrido, mi temor, mis transportes, el furor de mi pasión, el horror de mis remordimientos, y la insoportable injuria de un cruel rechazo, no eran más que débiles ensayos del tormento que me destroza. ¡Se aman! ¿Con qué hechizo han engañado mis ojos? ¿Cómo se vieron? ¿Desde cuándo? ¿En qué sitios? Tú lo sabías. ¿Por qué me dejaste engañarme? ¿No podías enterarme de su ardor furtivo? ¿Se les ha visto hablarse, buscarse a menudo? ¿Iban a esconderse en el fondo de los bosques? ¡Ay! se veían con todo derecho. El cielo aprobaba la inocencia de sus suspiros; sin remordimientos se entregaban a su inclinación amorosa; cada día se alzaba claro y sereno para ellos. Y yo triste desecho de la naturaleza toda, me ocultaba de día, huía la luz, la muerte era el único dios que me atrevía a implorar. Aguardaba el momento de expirar, nutriéndome de hiel, alimentada en llanto, vigilada demasiado de cerca hasta en mi desdicha, no me atrevía a ahogarme a gusto en mis lágrimas: saboreaba temblando ese placer funesto; disfrazando mis angustias bajo mi serena frente, necesitaba a menudo privarme hasta de mi llanto.

Juan Mayorga realizó una versión de la obra de Eurípides que fue dirigida por José Carlos Plaza.

Por otra parte, la excepcional dramturga británica Sarah Kane recoge y reelabora el mito clásico de Fedra e Hipólito, y nos presenta una versión contemporánea donde la figura clásica del héroe virtuoso, es transformada en un joven apático e indiferente que no hace otra cosa que ver tv, comer comida chatarra y navegar por Internet.

 

 

Era el cabello al aura desatado

El humanista  italiano Francesco Petrarca (1304-13074) recoge de la corriente del Dolce Stil Nuovo la idea de la amada como un vehículo hacia el Bien y la Bondad. Su obra se recoge en el Cancionero y está compuesta en sonetos. Esta forma métrica, creada por los poetas italianos, se extiende rápidamente por Europa y pasó a considerarse la estructura más adecuada para la expresión amorosa y el análisis de los estados afectivos del autor.

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El gran amor de Petrarca es Laura, cuya existencia está verificada, amada de Petrarca.  Parece que el poeta la vio por primera vez un 6 de abril  y la mirada de Laura enamoró al poeta.  El Canzoniere  es la historia amorosa de ese proceso  de enamoramiento autobiográfico donde el poeta, desde su hoy, recuerda su amor a una única mujer.

El libro se divide en dos partes: in vita e in morte de Laura. Rompe el silencio cortés, ofreciendo los rasgos esenciales e idealizados de la dama, mencionando su nombre. La dama es  una mujer de carne y hueso, aunque idealizada. Aparecen descripciones de la propia amada, fijándose el tópico de la descripción metafórica de la dama como una donna angelicatta : cabellos= oro, sol/ tez= azucena o lirio/ mejillas= rosas/ ojos= astros/ labios= clavel/ dientes= perlas/ cuellos= mármol, cisne.

Resultado de imagen de laura petrarca Era el cabello al aura desatado
que en mil nudos de oro entretejía;
y en la mirada sin medida ardía
aquel hermoso brillo, hoy ya apagado;

el gesto, de gentil favor pintado,
fuese sincero o falso, lo creía;
ya que amorosa yesca en mí escondía,
¿a quién espanta el verme así abrasado?

No era su andar cosa mortal grosera,
sino hechura de ángel; y sonaba
su voz como no suena voz humana:

un espíritu celeste, un sol miraba
cuando la vi; y si ahora tal no fuera,
no porque afloje el arco el daño sana.

La naturaleza también aparece idealizada al estilo de las églogas clásicas. El amor es neoplatónico: anhelo insatisfecho del alma que busca su ascensión de lo material a lo inmaterial por el amor a la belleza de la amada.

El verdadero tema es la introspección y el análisis de los variados estados de ánimo por los que el alma masculina pasa: pasión, celos, tristeza, esperanza, olvido. La lengua  empleada es bella, huye de la artificiosidad y busca una naturalidad trabajada: uso abundante del adjetivo cromático y de figuras literarias sensoriales: metáforas, sinestesias, aliteraciones. Es abundante el uso de antítesis para expresar los efectos contradictorios del amor: hielo abrasador/ dulce llama/ guerra que da paz, etc…

De Laura se ha hecho eco la autora Inma López Silva en su novela Aqueles días en que eramos malas. Unha das protagonista da obra, a funcionaria de prisións tamén se chama Laura e fanse alusións á amada de Petrarca:

(…) Chamárona coma á nena da que se namorou Petrarca porque, segundo a súa nai, estaba predestinada á beleza. Nos días de arrolos e plans, de desexos de futuro e de proxectos posíbeis para unha familia que aínda ía tardar moito en peitear cabelos brancos, os pais decidiron predestinar a Laura. Pero un día, sen vir moito a conto, decatouse de que Laura non era máis ca un nome, e cansou dos poemas de Petrarca e da danza clásica.

A Laura, camiñando polos corredores do cárcere, aínda se lle notan ben as trazas de bailarina. Os anos de disciplina deixaron unha pegada no seu corpo esvelto que, dalgún xeito moi distante, semella por momentos reflectir a elegancia doutrora. Hai algo de infantil e despreocupado na forma de andar de Laura que trata de rememorar un ritmo lanzal. (…)”

Páxina 28 da citada novela publicada por Galaxia.

 

Los bufones y los graciosos

Entran, en la literatura, los bufones y se recuperan los graciosos ridículos de la comedia clásica:

(Entran Viola, disfrazada de hombre, y FESTE, el bufón)

VIOLA: Saludos a ti y a tu música. ¿Vives tocando el tamboril?

FESTE: No, señor, tocando la iglesia.

VIOLA: ¿Eres sacerdote?

FESTE: Nada de eso, señor. Vivo tocando la iglesia, pues vivo en mi casa, y mi casa está junto a la iglesia.

VIOLA: También podrías decir que el rey vive tocando un mendigo si un mendigo vive cerca de él, o que la iglesia está pegada al tamboril porque este está al lado de la iglesia.

FESTE: Vos lo habéis dicho. ¡Qué tiempos estos! Una frase es un guante de cabritilla para el ingenioso. ¡Qué pronto la vuelve del revés!

William Shakespeare, Noche de Reyes

Asimismo, el humor y la burla  son elementos muy importantes en la literatura del Renacimiento y del Barroco.  En muchas ocasiones se realiza a través de un bufón o de un personaje cómico (he ahí la importancia de la comedia) o grotesco. Un ejemplo de este último lo tenemos Pantagruel y Gargantúa, del escritor renacentista  François Rabelais (1494-1553).  Las dos obras nos narran las aventuras de dos gigantes así llamados en medio de un mundo violento, absurdo y fantástico

Gargantúa, según ilustración de Gustave Doré, 1873.

Otro personaje ridículo es el que suele protagonizar las comedias del autor francés Moliére (1622-1673). Siempre a través de las armas de la ridiculización denuncia la hipocresía social y otros defectos.  Lo hace, por supuesto, respetando las reglas teatrales clásicas. Sus personajes fanfarrones se parecen a los de Plauto y suelen encarnar un defecto, como la avaricia (en El avaro. Puedes ver la obra aquí o la falsa devoción (en Tartufo)

La vida de Moliére también fue llevada al cine. Este es un trailer de la película Las aventuras amorosas del joven Moliére: