El ruido y la furia

Supongo que recordaréis este texto que comentasteis en el último examen:

Un día u otro había de morir.
Hubiese habido un tiempo para tales palabras…
El día de mañana, y de mañana, y de mañana
se desliza, paso a paso, día a día,
hasta la sílaba final con que el tiempo se escribe.
Y todo nuestro ayer iluminó a los necios
y la senda de cenizas de la muerte. ¡Extínguete, fugaz antorcha!
La vida es una sombra tan sólo, que transcurre; un pobre actor
que orgulloso, consume su turno sobre el escenario
para jamás volver a ser oído. Es una historia
contada por un necio, llena de ruido y furia,
que nada significa.

Es un fragmento de Macbeth. Pues bien, William Faulkner, en el siglo XX, en un ejercicio de intertextualidad, escribió una novela también llamada El ruido y la furia. Muy rompedora y vanguardista, es una obra de gran profundidad, cuya lectura puede esperar para dentro de unos años. Pero no está mal que la conozcas. Así comienza:

Resultado de imagen de el ruido y la furia

A través de la cerca, entre los huecos de las flores ensortijadas, yo los veía dar golpes. Venían hacia donde estaba la bandera y yo los seguía desde la cerca. Luster estaba buscando entre la hierba junto al árbol de las flores. Sacaban la bandera y daban golpes. Luego volvieron a meter la bandera y se fueron al bancal y uno dio un golpe y otro dio un golpe. Después siguieron y yo fui por la cerca y se pararon y nosotros nos paramos y yo miré a través de la cerca mientras Luster buscaba entre la hierba. «Eh, caddie». Dio un golpe. Atravesaron el prado. Yo me agarré a la cerca y los vi marcharse. «Fíjese». dijo Luster. «Con treinta y tres años que tiene y mire cómo se pone. Después de haberme ido hasta el pueblo a comprarle la tarta. Deje de gimplar. Es que no me va a ayudar a buscar los veinticinco centavos para poder ir yo a la función de esta noche». Daban pocos golpes al otro lado del prado. Yo volví por la cerca hasta donde estaba la bandera. Ondeaba sobre la hierba resplandeciente y sobre los árboles. «Vamos». dijo Luster. «Ya hemos mirado por ahí. Ya no van a volver. Vamos al arroyo a buscar los veinticinco centavos antes de que los encuentren los negros». Era roja, ondeaba sobre el prado. Entonces se puso encima un pájaro y se balanceó. Luster tiró. La bandera ondeaba sobre la hierba resplandeciente y sobre los árboles. Me agarré a la cerca. «Deje de gimplar». dijo Luster. «No puedo obligarlos a venir si no quieren, no. Como no se calle, mi abuela no le va a hacer una fiesta de cumpleaños. Si no se calla, ya será lo que voy a hacer. Me voy a comer la tarta. Y también me voy a comer las velas. Las treinta velas enteras. Vamos, bajaremos al arroyo. Tengo que buscar los veinticinco centavos. A lo mejor nos encontramos una pelota. Mire, ahí están. Allí abajo. Ve». Se acercó a la cerca y extendió el brazo. «Los ve. No van a volver por aquí. Vámonos».

James Franco la llevó al cine con el nombre El sonido y la furia. He aquí un trailer de la misma:

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Un 16 de junio

El irlandés James Joyce (1882-1941) es el autor de Ulises, una de las novelas más influyentes y novedosas del siglo XX. Se publicó en parís en 1922. Tachada de pornográfica e inmoral, fue prohibida en Gran Bretaña y EEUU.

Las mejores portadas del Ulises de James Joyce

Además de por su contenido, escandalizó por su radicalidad formal. En efecto, esta novela, extremadamente compleja, certifica la disolución definitiva del modelo realista: la asunción de que, puesto que la vida no es ordenada ni racional, tampoco deben serlo los relatos que pretenden reflejarla.

La obra narra el periplo por la ciudad de Dublín (sus pubs, la central de Coreos, la Biblioteca Nacional, un burdel, un cementerio…) de Leopold Bloom, un anodino agente de publicidad de origen judío, durante el 16 de junio de 1904.

Así nos lo presenta Joyce:

“(…) El señor Leopold Bloom comía con deleite los órganos interiores de bestias y aves. Le gustaba la sopa espesa de menudillos, las mollejas, de sabor a nuez, el corazón relleno asado, las tajadas de hígado rebozadas con migas de corteza, las huevas de bacalao fritas. Sobre todo, le gustaban los riñones de cordero a la parrilla, que daban a su paladar un sutil sabor de orina levemente olorosa (…)”

(Procedencia de la imagen)

Puede entenderse como una antiepopeya protagonizada por un antihéroe, que refleja la vulgaridad de la vida urbana contemporánea. Existe, pues, un paralelismo paródico entre esta obra y la Odisea de Homero con respecto a los personajes y los episodios. Por lo que se refiere a los primeros, el protagonista de Ulises es Leopold Bloom, trasunto de Ulises; su esposa Molly, de Penélope; y Stephen Dédalus, un joven profesor con inquietudes literarias, de Telémaco. Protagonista de la primera novela Joyce (Retrato del artista adolescente), Stephen encarna al hijo deseado por Blom, que perdió al pequeño Rudy al poco de nacer. Con respecto a los episodios también hay paralelismos: el entierro de Paddy Dignam, al que asiste Leopold remite a la visita de Ulises al Hades; las camareras del hotel Ormond, con sus delantales hasta los pies evocan a las sirenas; el Ciudadano (nacionalista, irlandés, xenófobo y antisemita) que amenaza a Leopold, al cíclope Polifemo… Finalmente, el regreso al hogar se corresponde con la vuelta a una desangelada Ítaca, aunque Molly, a diferencia de Penélope, sí ha engañado a Leopold con su amante Boylan.

La actriz Maite Agirre como Molly Bloom

La novela se estructura en dieciocho secuencias, en las que se emplean diversas técnicas narrativas, entre las que destacan el diálogo dramático, el contrapunto y el monólogo interior. El lenguaje es, en realidad, el verdadero protagonista de la novela, convertida en laboratorio de experimentación verbal. Algunas de estas técnicas de experimentación verbal son: listados interminables de enumeraciones (de los invitados a una boda, de santos, de libros de un estante…), recreación burlesca de tópicos y géneros discursivos( descriptio puellae obscena, crónica periodística, estructura pregunta/respuesta del catecismo…), técnicas poéticas (uso de rimas internas y juegos fonéticos, repeticiones o recurrencias…) o transcripciones de conversaciones en mismo espacio (para transmitir una sensación de simultaneidad, el discurso se fragmenta y se reordena, en lo que constituye un ejemplo perfecto de polifonía)

Aquí tienes un pequeño manual para leer el Ulises de Joyce. Pero no lo hagas ahora, espera a tener unos cuantos años más.

(Imagen tomada de aquí)

*Los apuntes están redactados a partir del análisis de la novela que aparece recogido en el libro Literatura Universal de Oxford Editorial.

Nota: esta entrada está especialmente dedicada a Samuel que tan bien nos leyó el monólogo final de Molly.  Y así  interpreta la gran actriz argentina Cristina Banegas algunos fragmentos del mismo:

En castellano existe una adaptación dramática del monólogo de Molly Bloom llevada a cabo por José Sanchis Sinisterra, con el título La noche de Molly Bloom.

La canción de Kate Bush titulada “The Sensual World” está basada en el monólogo de Molly Bloom:

 

La habitación propia de Virginia Woolf

Mañana vamos a comentar en clase un fragmento de La señora Dalloway, obra de la autora inglesa Virginia Woolf. Antes de leer el texto quizás quieras conocer algo de esta novelista, ensayista, editora (creó, con su marido la editorial  Hogarth Press), feminista y cuentista británica, considerada una de las más destacadas figuras de la literatura del siglo XX.

George Charles Beresford - Virginia Woolf in 1902.jpg

Virginia nació en Londres en 1882 . Era hija de sir Leslie Stephen, personaje relevante en la vida literaria inglesa de la época, y de una modelo de pintores prerrafaelitas, por lo que se relacionó desde su infancia con intelectuales. Su narrativa supuso una ruptura con las convenciones de la novela tradicional. Rechazó la estrutura lineal, perfeccionó la técnica de corriente de conciencia y en sus obras era fundamental la multiplicidad de personajes (se adentra en la psicología de los mismos a través de la evocación ), significados y perspectivas. En sus novelas se percibe una intensidad lírica que se fundamenta en la aparición de elementos evocadores (paisajes, objetos, recuerdos, intervenciones de personajes). Lo que que queda de ellas no es la trama, sino la introspección psicológica de los personajes que bucean desordenadamente por sus recuerdos y sus conciencias.  Al mismo tiempo, en ellas aborda temas como el paso del tiempo y la muerte, así como  la crítica al patriarcado y el análisis del papel de la mujer en la sociedad.

En su casa se reunieron varios artistas de la época: el novelista y crítico E.M. Forster,  el filósofo Bertrand Russell, la escritora Katherine Mansfield, la pintora Dora Carrington  y el economista M. Keynes. Todos integran el llamado Círculo de Bloosmbury . Se designó así tomando el nombre del barrio de Londres que rodea al Museo Británico y donde habitaba la mayor parte de sus integrantes, que comenzó a reunirse en torno a 1907 en casa de la escritora Virginia Stephen (después Virginia Woolf) y de su hermana Vanessa.

(Procedencia de la imagen)

Muchos de estos autores publicaron sus obras en la editorial fundada por Virginia y su marido Leonard Woolf. En sus reuniones  debatían abiertamente temas tan diversos como la religión, el feminismo, la sexualidad o el pacifismo, además de las diferentes disciplinas que dominaban cada uno de ellos.

“The memoir Club”, de Vanessa Bell, hermana de Virginia, que también participó en las reunines del Grupo de Bloomsbury.

Contemporáneos de este grupo son también James Joyce, el padre del Ulises moderno,  D.H. Lawrence y los creadores de importantes novelas distópicas ya comentadas en clase: George Orwell (Rebelión en la granja, 1984) y Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz (Samuel nos contó muy bien el argumento de la obra).

Otros autores que convivieron con Virginia fueron J.R. Tolkien a quien conoces por El señor de los anillos y C.S. Lewis, creador de las Crónicas de Narnia.

Pero volvamos a Virginia, de temperamento enfermizo y muy sensible, enferma de trastorno bipolar, se suicidó arrojándose al río Ouse el 28 de marzo de 1941.

Este es un pequeño vídeo que recoge algunos aspectos significativos de su vida y su obra:

Sus obras todavía están vivas y son hitos en la literatura universal. Destaca su ensayo  Una habitación propia  . En él recoge varias ideas (algunas ya las hemos en visto en clase, tal como recordaba Aroa): la necesidad de que la mujer goce de independencia económica y personal, de un espcio (real y simbólico) exclusivo, desde el que realizarse.  Con respecto a las novelas, estas reciben la categoria de  poemáticas* . Algunos títulos son Las olas, Al faro, Orlando, Entre actos y La señora Dalloway. Esta última, publicada en 1925 sigue la senda innovadora trazada por Joyce con su Ulises está construida  a partir de flujos de conciencia o monólogos interiores. La acción se concentra en un solo día, en el que  Clarissa Dallowya (londinense en la cincuentena, mujer insatisfecha con su vida) organiza una fiesta.  La tenue acción exterior (preparativos, encuentro con amigos, suicidio de  Septimus Smith, excombatiente de la Primera Guerra Mundial…) importa menos que la exploración del mundo interior de los personajes, sobre todo de Clarissa, que trata de aprehender la felicidad del instante, mientras toma conciencia del paso del tiempo.

La Señora Dalloway (Marleen Gorris, 1997)

Escena de la película  La señora Dalloway,  de Marleen Gorris

Aquí tienes una escena de la película:

“(…) En esta novela, la preferida de muchos lectores, quiso ‘mostrar lo escurridizo del alma’, pero también, mientras la escribía, sintió que tenía casi demasiadas ideas, quería ‘dar vida y muerte, cordura y locura’, ‘criticar el sistema social, y mostrarlo en funcionamiento, en su forma más intensa’. En La señora Dalloway bosquejó un estudio de la locura y el suicidio: ‘El mundo visto por cuerdos y locos, lado a lado’. Allí volcó experiencias de sus propias enfermedades y trastornos psíquicos (en el personaje de Séptimus, un soldado que sufre stress post traumático y se suicida tras un brote de locura), también reflexionó acerca de la condición de las mujeres de su época, reflejadas en Clarissa Dalloway, su hija, la institutriz, o Sally, la amiga de juventud de Clarissa. Las dificultades de la relación entre hombres y mujeres está presente en este libro, lo mismo que su amor por la ciudad de Londres, o la devastación que produce la guerra, una problemática sobre la que trata en casi todas sus novelas.

Tal vez, una de las cuestiones que ella consideró más importante es que en esta obra logró un gran ‘descubrimiento’, un método que le permitió excavar ‘hermosas cavernas’ detrás de sus personajes, logrando “humanidad, humor, profundidad”. De alguna manera, Clarissa Dalloway actúa como doble de Virginia Woolf; muestra lo que podría haber sido de ella, si la rebeldía a las normas, su conciencia humanitaria y la pasión por la escritura no hubieran interferido el destino victoriano que había trazado sus padres y la época en la que le tocó nacer”.

Fragmento extraído de este artículo en que también puedes leer los argumentos de las novelas citadas anteriomente.

La novela sirvió de inspiración a la película Las horas, dirigida por Stephen Daldry en 2002 y basada, a su vez, en una novela de Michael Cunningham.

No tenemos tiempo para verla en clase; si lo tuviésemos la veríamos. Es una gran película.

Chelsea Wolfe compuso esta canción dedicada a Virginia Woolf:

*Las novelas poemáticas o líricas se caracterizan por la importancia a la conciencia del personaje (vivencias, emociones, recuerdos) y al cuidado de la forma, lo que acerca la narración al ritmo y a la capacidad de sugerencia de los textos poéticos.