Aún le siguen creciendo a Dafne los brazos

Lía nos ha presentado esta revisión del mito de Apolo y Dafne rapeada por Sharif Fernández: 

Está incluida en el álbum Bajo el rayo que no cesa en una clara referencia, imagino, a Miguel Hernández.

Nota: si lees esto, Sharif, despéjanos la duda.

 

 

Anuncios

A Dafne ya los brazos le crecían (otra vez)

Y digo “otra vez” porque el año pasado comentaba aquí el mismo episodio.

“Dafne y Apolo” de Bernini. Aquí hay más información sobre la escultura.

Cuenta Ovidio en su Metamorfosis que el dios Apolo estaba enamorado de la ninfa Dafne, hija del río Peneo de la región griega de Tesalia. Perseguida por el dios, Dafne pide ayuda a su padre, quien, para liberarla del acoso de Apolo, la transforma en laurel.

En el Cancionero, Petrarca identifica simepre a Laura con el laurel y, por consguinete, se identifica a sí mismo con Apolo, enamorados ambos de la misma mujer (Laura-laurel):

Apolo, si el deseo ha perdurado
que te inflamaba en la tesalia onda,
y si la amada cabellera blonda,
tras tantos años, no la has olvidado,

del perezoso hielo y tiempo airado,
que durará mientras tu faz se esconda,
defiende a la honorable y sacra fronda
en que, después de tú, yo me he enredado;

y por virtud de la esperanza amante
que te hizo soportar la vida acerba,
bórrale al aire los nubosos trazos;

y admirados veremos al instante
a nuestra dama estar sobre la hierba
y hacerse sombra con sus propios brazos.

Por su parte, Garcilaso de la Vega (siglo XVI) recrea en su soneto XIII el mito de Dafne y Apolo, centrándose en el momento mismo de la transformación de la ninfa en árbol.

A Dafne ya los brazos le crecían,

y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!

Un siglo después, Quevedo reflejaba así el mito:

“Tras vos, un alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol, ¿y vos tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
pues vais del Sol y de la luz huyendo.

Él os quiere gozar, a lo que entiendo,
si os coge en esta selva tosca y ruda:
su aljaba suena, está su bolsa muda;
el perro, pues no ladra, está muriendo.

Buhonero de signos y planetas,
viene haciendo ademanes y figuras,
cargado de bochornos y cometas.”

Esto la dije; y en cortezas duras
de laurel se ingirió contra sus tretas,
y, en escabeche, el Sol se quedó a escuras.

Bermejazo platero de las cumbres,
a cuya luz se espulga la canalla:
la ninfa Dafne, que se afufa y calla,
si la quieres gozar, paga y no alumbres.

Si quieres ahorrar de pesadumbres,
ojo del cielo, trata de compralla:
en confites gastó Marte la malla,
y la espada en pasteles y en azumbres.

Volvióse en bolsa Júpiter severo;
levantóse las faldas la doncella
por recogerle en lluvia de dinero.

Astucia fue de alguna dueña estrella,
que de estrella sin dueña no lo infiero:
Febo, pues eres sol, sírvete de ella
.

Y aquí queda “El rapto de Proserpina” también de Bernini, cuya mano tanto le gusta a Inés:

“El rapto de Proserpina”

 

Mujeres abandonadas en la Grecia clásica

De novo Penélope escríbelle a Circe: “(…) Medea, a miña doce Medea, a miña meniña rebuldeira, aquela que levada polo amor trocara a súa xentileza en argucias e a súa candidez en perversiddae, vaise vingar de Xasón do xeito máis abominabel e cruel que se coñece. Vaino obrigar a renunciar a todo aquilo ao que ela renuciou por seguilo. Vaille quitar o único que estima. Sabe que será un acto terríbel co que ela mesma se mutiliará no máis profundo e borrará do seu ser calquera rastro de humanidade. Mais será tamén un novo acto de rebeldía contra o poder dos homes, un atentado contra as leis da primoxenitura. (…)

Páxina 115, Circe ou o pracer do azul

Es Medea un ejemplo, junto con Ariadna, de mujer abandonada en la literatura clásica.

Eugène Delacroix: Medea furiosa (Médée furieuse, 1862).

  Medea es la protagonista de la saga de los argonautas. El héroe Jasón, que se ha criado lejos de su país natal, Yolcos, regresa a este después de que su padre haya sido suplantado en el trono por su tío Pelias.

El usurpador es avisado por un adivino que debe guardarse de un hombre con una sola sandalia y, pensando que es Jasón, lo envía a la aventura imposible de conquistar el Velloncillo de Oro (la piel dorada de un carnero mágico). Este reúne a sus amigos los argonautas y llega hasta el confín de la tierra, la Cólquide. Allí logra el botín gracias a Medea, hija del rey Colco Eetes, la cual rebelándose contra su padre , y empleando sus artes mágicas, le ayuda a superar las pruebas necesarias para hacerse con el velloncillo. Medea traiciona así a su padre y a su patria por amor a un extraño. Se casa con él, pero Jasón le es infiel y la abandona, lo que impulsa a la heroína a una bárbara venganza: dar muerte a la nueva prometida y a los hijos que tuvo con Jasón.

 

La historia de Medea es recreada en los escenarios por tu ya conocido Eurípides:

El director de cine Pier Paolo Pasolini:

El abandono también es sufrido por Ariadna, quien con un ovillo había ayudado a Teseo a salir del famoso Laberinto que encerraba al Minotauro, un monstruo mitad toro, mitad hombre. Teseo prometió llevar a Ariadna consigo a Atenas, pero la abandonó en la isla de Naxos.

En las Heroidas de Ovidio, obra que inventa cartas de amantes míticos, se recoge la queja de la amada:

Me has mostrado que cualquier linaje de fieras es más tratable que tú. ¡A nadie podía haberme confiado peor que a ti! Las palabras que estás leyendo te las envío, Teseo, desde aquella playa de las que las velas se llevaron tu nave sin mí, y en la que para mi desgracia me traicionó mi sueño, y tú, que te conjuraste criminalmente con mi sueño.

Era el momento en que la cristalina escarcha comienza a salpicar la tierra, y las aves a quejarse, ocultas entre el follaje. Aún no despierta del todo, amodorrada por el sueño, moví mis manos, incorporándome, para abrazar a Teseo. No había nadie. Retiro mis manos y por segunda vez palpo y muevo los brazos por el lecho. No había nadie. Retiro mis manos y por segunda vez palpo y muevo los brazos por el lecho. No había nadie. Los temores sacudieron el sueño; aterrorizada me levanto, y mis miembros se lanzaron fuera del lecho solitario. Enseguida resonó mi pecho al golpe de las palmas y, según me encontraba, despeinada por haber estado durmiendo, me arranqué los cabellos. Había luna. Miro por si puedo ver algo que no sea la playa, pero mis ojos no tienen nada que mirar que no sea la playa. Unas veces hacia aquí, otras hacia allí y hacia ambos lados corro sin orden, y la espesa arena refrena mis pies de muchacha. Mientras tanto, cuando gritaba por toda la playa: “¡Teseo!”, los huecos roquedales me devolvían tu nombre, y cuantas veces yo te llamaba, te llamaba otras tanta el lugar mismo; el mismo lugar quería prestar ayuda a la desgraciada. Había un monte; se divisan en lo alto unos pocos matorrales; desde ahí cuelga un escollo, roído por las sonoras aguas. Lo escalo. El coraje me daba fuerzas. Y así puedo medir con la mirada la alta mar en toda su extensión. Desde allí -pues también los vientos fueron crueles conmigo- contemplé los lienzos tensos por el arrebatado Noto. O los vi, o tal vez fue que creí haberlos visto. Me quedé más fría que el hielo y apenas viva.

(Aquí puedes leer la epístola completa)

A continuación puedes ver un magnífico cortometraje de Sebastian Heda sobre Picasso y sus dibujos de Minotauros.

 

¿Por qué las estrellas se encienden?

«Negra estaba la noche
y yo me deslizaba
por la calle
con la estrella robada en el bolsillo.»

Pablo Neruda, “Oda a una estrella”

 Descubre el cielo  con Homero y Hesíodo. Detrás de cda cosntelación, incluso detrás de cada estrella se esconde una historia

Aquí puedes ver un interesante prezi sobre la relación entre mitología y astronomía.

Resultado de imagen de zodiaco y estrellas

(Procedencia de la imagen)

Si te apetece conocer más a fondo  “quien vive” en cada constelación  entra en esta página.

Rubens recoge en este cuadro el nacimiento de la Vía Láctea:

Rubens Vía Láctea.jpg

Otras culturas explican así  el cielo estrellado:

Sea como fuere, siempre necesitaremos una estrella, aunque no sea más que una estrella:

¡Escuchen!
¿Si las estrellas se encienden,
quiere decir que a alguien les hace falta,
quiere decir que alguien quiere que existan,
quiere decir que alguien escupe esas perlas?

Alguien, esforzándose,
entre nubes de polvo cotidiano,
temiendo llegar tarde,
corre hasta llegar hasta Dios,
y llora,
le besa la mano nudosa,
implora,
exige una estrella,
jura,
no soportará un cielo sin estrellas,
luego anda inquieto,
pero tranquilo en apariencia,
le dice a alguien:
“¿Ahora estás mejor, verdad?
¿Dime, tienes miedo?”
¡Escuchen!
¿Si las estrellas se encienden,
quiere decir que a alguien les hace falta,
quiere decir que son necesarias,
quiere decir que es indispensable,
que todas las noches,
sobre cada techo,
se encienda aunque más no sea una estrella?

Vladimir Maïacovski

Y aquí las tienes a tus pies. Para que no te falte nunca su luz.

Orfeo y Eurídice

Antes de Quevedo, el amor ya se extendía más allá de la muerte. Ya cuenta Ovidio en su Las Metamorfosis  la historia de Orfeo y Eurídice.

Orfeo estaba desposado con la Ninfa Eurídice, de quien estaba profundamente enamorado. Un día en el que ella estaba paseando por la orilla de un río, se encontró con el pastor Aristeo. Cautivado por su belleza, Aristeo se enamoró de ella y la persiguió por el campo.

Eurídice trató de escapar, pero mientras corría tropezó con una serpiente, que la mordió con su letal veneno. Abatido por su pérdida, Orfeo decidió viajar a los infiernos (de los que ningún mortal habría retornado jamás), para lograr que le fuera devuelta su esposa.

A Perséfone (Proserpina), reina del mundo subterráneo, le conmovió tanto su pena, que accedió a conceder su deseo a cambio de que no mirase a Eurídice en el camino de vuelta a la luz. Pero a medida que se acercaba el final de su viaje, Orfeo no pudo evitar mirar hacia atrás para comprobar que su amada seguía todvía junto a él. Al mirarla , ella se desvaneció ante su ojos y la perdió para siempre. Orfeo nunca se recuperó y vivió con ese sufrimiento por el resto de sus días.

 (Texto extraído de aquí)

Orfeo y Eurídice, ópera en tres actos de Christoph Willibald von Gluck, con libreto en italiano de Raniero di Calzabigi, basado en el mito de Orfeo. Fue estrenada en Viena en 1762.

Peter Paul Rubens, Orfeo y Eurídice (1636-1638), Museo del Prado, Madrid