Caminamos hacia el Renacimiento. Primera parada: Florencia.

“(…) 1348. La epidemia de peste que recorre Europa se está cebando con la orgullosa ciudad de Florencia. Nadie sabía qué hacer ante una enfermedad «que en su comienzo nacían a los varones y a las hembras semejantemente en las ingles o bajo las axilas, ciertas hinchazones que algunas crecían hasta el tamaño de una manzana y otras de un huevo». Así que un grupo de mozos (siete chicas y tres chicos) deciden marcharse a una quinta a las afueras de la ciudad para evitar el contagio y esperar a que este Apocalipsis en forma de plaga acabe cuanto antes. Qué planteamiento, ¿verdad? Si cambiásemos la fecha por una de dentro de unas décadas y la palabra peste por ataque nuclearepidemia zombi o invasión alienígena nos encontraríamos con un blockbuster distópico próximamente en todas sus pantallas. Solo que el Decamerón no es un thriller ni sus personajes viven aterrorizados, pues es más una exaltación luminosa del beatus ille y del collige, virgo, rosas. O lo que es lo mismo, un canto a la esperanza del que huye del mundanal ruido. ¿A quién no le apetecería, por ejemplo, marcharse a una villa en la Toscana con unos amigos hasta que se acabe la crisis de una vez? A eso se dedican estos jóvenes: a disfrutar de la belleza de la vida. Que parece que no, pero existir existe.
En esta página puedes encontrar información del cuadro de John William Waterhouse. 
Oigo desde aquí los comentarios jocosos de algún lector más jocoso aún: «Si son jóvenes, lo que harán es retozar todo el día entre ellos». Muy gracioso esto, sí. Pero todos sabemos que esa no es la verdad. A lo que dedican —y no todos— la mayor parte del tiempo es a intentar retozar. Que es lo que les pasa a estos florentinos veinteañeros. Sobre todo, cómo no, a los varones. Sería más fácil emplear un verbo más directo en lugar de retozar, sí, pero estaríamos traicionando la delicadeza con la que Bocaccio describe el despertar a la sensualidad de estos muchachos y muchachas.
«¿Me está usted diciendo que el Decamerón, esa joya del Renacimiento escrita por Giovanni Bocaccio, que está considerada como la primera obra en prosa escrita en lengua italiana, es un libro de jóvenes en celo?». Pues sí, caballero, es justamente eso lo que estoy diciendo. Me alegro de que usted tenga más comprensión lectora de lo que dice el informe PISA. Lo que no estoy diciendo en absoluto es que el Decamerón sea un libro que merezca la pena leer porque trate de jóvenes en celo. Pero vayamos a lo importante: ¿qué es lo que hacen estos jovencitos para intentar retozar? Pues lo que hemos hecho todos: hacernos los simpáticos, tontear compulsivamente y, sobre todo, contar historias.
Da igual que nosotros comiéramos pipas y echáramos nuestros primeros cigarros en un banco del parque o que los protagonistas del Decamerón canten y rían en ese lugar paradisíaco (locus amoenus para los puristas) en el que están confinados: tanto ellos como nosotros nos desenvolvemos en sociedad contando y escuchando historias; el mayor descubrimiento del ser humano desde la época de las cavernas, cuando hombres y mujeres se sentaban en torno a la hoguera para compartir sus experiencias, sus temores y sus fantasías.
Dicho y hecho: cada uno de ellos contará una historia al día durante el tiempo que durará su estancia en la finca. Pero como en este reality show florentino son todos muy renacentistas (y por tanto amantes del orden y la simetría), los jovencitos deciden amablemente entre ellos que tanto cachondeo tiene que estar regido por unas normas. Así que cada noche uno de ellos será nombrado rey o reina para que, entre otras responsabilidades, decida el tema sobre el que tratarán las historias que se narren el día siguiente. Tan solo a Dioneo, el más ingenioso de todos, se le permite salirse del tema propuesto cada día. (…)”
Fragmento de un artículo de  . Puedes encontrarlo entero en este blog. También hallarás en él otros interesantes artículos sobre la obra.

El Decamerón, de Boccaccio, escrito entre 1351 y 1353, nos sitúa en una encrucijada entre la Edad Media y el Renacimiento. Si bien ya se ha hablado de la obra en entradas anteriores, en esta os voy a dejar la selección de cuentos que vais a leer.  Antes de entrar de lleno en las narraciones haremos una pequeña parad en la Florencia del siglo XIV, cuna del Renacimiento, que vio nacer la obra ( ¡y muchas, muchísimas obras de arte!)

Y ahora sí, vista Florencia, dejamos atrás la peste que asoló la ciudad y nos adentramos en el locus amoenus para escuchar cien  historias en diez días:

Como ya sabes, la obra está organizada en diez jornadas. En cada una de ellas uno de los jóvenes narradores “dirige” el día relatando varios cuentos. Estos se clasifican por temas y jornadas, de la forma que sigue:

  • Primera Jornada: se abordan los vicios humanos, a través de la figura de Judas.
  • Segunda y Tercer Jornada: las historias giran en torno a la Fortuna humana, pero también a la mercantilización.
  • Cuarta Jornada: los jóvenes narran historias que hablan de amores, cuyos finales pueden ser clasificados como finales trágicos.
  • Quinta Jornada: en esta jornada el tema continúa siendo el amor, pero con final feliz.
  • Sexta, Séptima y Octava Jornada: los jóvenes dedican las narraciones de estas jornadas a reflexionar, a través de historias donde el elemento principal es la risa y la picaresca, sobre la capacidad de ingenio del hombre.
  • Novena Jornada: los temas se tornan un poco más trascendentales, apuntando hacia el microcosmos, y la infinita capacidad del humano por convertir su cotidianidad en algo sublime.
  • Décima Jornada: los jóvenes, gracias a la intervención de Griselda (o María) reflexionan sobre la cualidad purificadora del humano, como ser creado a imagen y semejanza de Dios.

La información está extraída de aquí.

Ahora deja que Pampinea, Neifile, Fianmetta, Elisa, Filóstrato y Dioneo te cuenten sus historias. Siéntate con ellas y con ellos aquí, y escucha los cuentos que se  cuentan para ligar, los cuentos que te cuentan (¿para ligar?)

_ Primera Jornada. Narración tercera.

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La reina de la primera jornada es Pampinea, joven hermosa y sensata, feliz en amores. En este primer día hay libertad en el tema de los cuentos, y estos son de carácter tradicional (alguno de ellos de origen árabe) o anecdótico. 

Así comienza la narración tercera:

Después de que, alabada por todos la historia de Neifile, calló ésta, como gustó a la reina, Filomena empezó a hablar así:

-La historia contada por Neifile me trae a la memoria un peligroso caso sucedido a un judío; y porque ya se ha hablado tan bien de Dios y de la verdad de nuestra fe, descender ahora a los sucesos y los actos de los hombres no se deberá hallar mal, y vendré a narrárosla para que, oída, tal vez más cautas os volváis en las respuestas a las preguntas que puedan haceros.

La imagen de la derecha está extraída de aquí.

Puedes ver aquí varias ilustraciones de la Jornada Primera de El Decamerón, publicado por Liber edicionesTodas son obra de Celedonio Perellón.

_ Tercera Jornada. Narración primera.

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Neifile, ingenuamente lasciva, es la reina de la tercera jornada, en la que se desarrollan cuentos sobre personas que logran una cosa largamente deseada o recuperan lo perdido, lo que hace que los narradores procuren emularse y su­perarse en el relato de historias escabrosas en las que el ingenio, el engaño y la mentira se ponen al servicio de la lujuria, como el jardinero Masseto, que fingiéndose mudo hace romper el voto de castidad a todas las monjas de un convento; o el palafrenero que logra sustituir a su rey frente a la reina; el del clérigo que envía a una lejana penitencia al marido de la mujer que le gusta; el del abad que hace creer a un villano que ha muerto y que pena en el purgatorio; el de la joven y hermosa sarracena, Alibech, y el ermitaño de la Tebaida, etc.

_ Tercera Jornada. Narración octava.

“Llegado el fin de la larga historia de Emilia, que a nadie había desagradado por su extensión, sino considerada por todos como narrada brevemente teniendo en cuenta la cantidad y la variedad de los casos contados en ella; la reina, a Laureta mostrando con un solo gesto su deseo, le dio ocasión de comenzar así:

-Carísimas señoras, se me pone delante como digna de ser contada una verdad que tiene, mucho más de lo que fue, aspecto de mentira, y me ha venido a la cabeza al oír contar que uno por otro fue llorado y sepultado. Contaré, pues, cómo un vivo fue sepultado por muerto y cómo después, resucitado y no vivo, él mismo y otros muchos creyeron que había salido de la tumba, siendo por ello venerado como santo quien más bien como culpable debía ser condenado. (…)”

Si pinchas aquí puedes encontrar ilustraciones de la Tercera Jornada realizadas por el dibujante citado arriba.

_ Cuarta Jornada. Narración quinta.

La cuarta jornada, en la que es rey Filóstrato, amante desesperado, se inicia con una autodefensa de Boccaccio. Seguramente, que el Decamerón  fue apareciendo en distintas partes, por eso al llevar a esta jornada ya Boccaccio tiene duras críticas y se tiene que defender. Las anteriores novelas han sido tildadas de indecentes, de no corresponder a la realidad de los hechos y de que el autor se preocupa demasiado por complacer a las mujeres con vanidades y relatos frívolos. Boccaccio se zafa graciosamente de tales acusaciones, conminando a sus detractores a que muestren «los originales» de sus historias y recordando que grandes poetas como Guido Cavalcanti o Dante, también escribieron versos para complacer a las mujeres. De aquellos cuyos amores tuvieron fin desdichado trata esta jornada, en la cual los cuentos son anécdotas vivificadas con nombres históricos, como la hija de Tancredo de Salerno, el trovador catalán Guilhem de Cabestany (de quien se narra la leyenda del corazón comido), pero no faltan las situaciones novelescas y livianas, como en el famoso e irreverente cuento del arcángel San Gabriel y el de la mujer del cirujano y el presunto cadáver de su amante.

La historia que vas a leer, de amor y bótanica, fue recreada por John Keats (1818) en el poema “Isabel o la Maceta de Albahaca” .
Fueron muy numerosas sus representaciones artísticas, sobre todo en el grupo de los prerafaelitas, que hicieron de esta desgraciada historia, uno de sus temas favoritos. Estos son algunos de los cuadros:

Y Waterhouse, a quien ya conoces, así:

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_ Quinta Jornada. Narración octava.

Fiammetta, la perfecta enamorada, es la reina de la jornada quinta, que trata de casos de amor acabados felizmente, por lo general de trama complicada.

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Imagen procedente de aquí.

Presta atención a este cuento. También lo hizo Sandro Botticelli. El pintor reflejó la historia “El infierno de los amantes crueles” en el cuadro La historia de Nastagio degli Onesti . Se trata de un ciclo de cuatro cuadros. Puede verse en el Museo del Prado.

El pintor contó así la historia de Boccaccio:

Aquí puedes “mirar casi a la carta” el cuadro completo.

_ Sexta Jornada. Narración cuarta.

La sexta jornada de la que es reina Elisa (a la derecha hay una imagen de Elisa vista por Waterhousey y debajo la de Celedonio) doncella que ama sin ser correspondida, versa sobre agudezas o frases ingeniosas que han salvado de peligros: anécdotas breves y tajantes, algunas de tema tradicional y otras tomadas de personajes famosos, como Guido Cavalcanti y el pintor Giotto. La jornada se cierra con la divertida historia de fraile Cipolla (cebolla), sátira de los sermones grotescos y de la credulidad del pueblo.

Puedes ver más ilustraciones de los cuentos de la Sexta Jornada pinchando aquí. 

_ Séptima Jornada. Narración novena. 

La séptima, de la que es rey el despreocupado y gracioso Dioneo versa sobre las burlas que las mujeres han hecho a sus maridos, y es un conjunto de trampas y argucias femeni­nas, de las que son víctimas maridos crédulos y estúpidos y que acaban con la escandalosa victoria de la sensualidad.

Imagen tomada de aquí.

También en el siglo XIV Juan Ruiz, arcipreste de Hita escribió El libro del buen amor. En este se incluye una historia  muy parecida a la que acabas de leer. Se trata del cuento del Pintor Pitas Payas, que fue musicalizado por Paco Ibáñez:

La información en cursiva está recogida de este completísimo blog de Literatura Universal del IES “El Tablero”. Gracias al profe o a la profe que comparte esos magníficos apuntes.

El Decamerón dirigido por Elisa Kragerup en  Nationatheatret de Oslo. Aquí puedes ver más fotos del montaje.

Mientras haces el trabajo sobre los cuentos puedes escuchar el Decamerón negro, una suite para guitarra de Leo Brouwer.

Si te apetece puedes ver la adaptación al cine que hizo Pasolini de la obra de Boccaccio:

¿Cómo contarías tú estos cuentos que se elevaron por encima de la peste florentina?  Cándido Pazó te los contará a ti muy pronto. Mientras te esperamos, Cándido Pazó, nosotras y nosotros leemos a Boccaccio.

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Dejad los que aquí entráis toda esperanza

En la Baja Edad Media (siglos XIV-XV) se extendió por Europa la enfermedad de la peste negra que trajo consigo un aumento de la mortalidad y una obsesión por la descomposición del cuerpo.

El triunfo de la Muerte (1562) de Brueghel. La obra está en el Museo del Prado.

Ya Boccaccio, en el Decamerón daba cuenta de esta situación:

Estas cosas,  a la hora de empezar el rigor de la peste, cesaron del todo o en su mayor parte, ocurriendo otras nuevas. Ahora no solamente morían los hombres sin estar rodeados de mujeres, sino que morían sin testigos, siendo muy escasos los que podían gozar de piadosas lamentaciones y amargos llantos. Por el contrario, los supervivientes se entregaban a risas ya bromas y diversas algaradas, costumbre que muchas de las mujeres, abandonando su femenina devoción, aprendieron a la perfección a favor de la salud (…) la gente modesta, y mucha de clase media, sufría mayor miseria, porque la mayoría, retenidas en sus casas por la esperanza o la pobreza, y sin salir de sus vecindades, enfermaban a millares a diario; y al no ser atendidos ni servidos en cosa alguna, morían irremediablemente. Muchos finaban de noche o de día, en plena calle, y otros muchos, aunque pereciesen en sus casas, lo notificaban a sus vecinos con el hedor de sus cuerpos corruptos.

Además, a esta situación hay que añadirle el miedo a la ira de Dios y al Juicio Final que había en una sociedad tan teocéntrica como la feudal. Esta visión tan pesimista y siniestra de la muerte aparecerá en  Danza de la Muerte (en forma de esqueleto la Muerte invitará a bailar a los distintos estamentos_ omnia mors aequat) que tiene varias versiones en las literaturas europeas. A diferencia de la invitación al goce del carpe diem o del collige, virgo, rosas  de los autores clásicos, el hombre medieval contempla la descomposición del cadáver que le recuerda que debe ganarse el Cielo.

En la película El séptimo sello , dirigida y escrita por Ingmar Bergman,  se ve una imagen esta danza (tradición que todavía hay está presente en muchos lugares cuya procesión se realiza en Semana Santa):

Creían los hombres medievales de la Europa Occidental ( y muchos cristianos de hoy en día) creían en la existencia de un Cielo y de un Infierno a donde acudirían después de la muerte. En el Medievo se hablará del Purgatorio (antesala del Cielo donde se purifican los pecados por los que no se ha hecho penitencia en vida). Esta vida sería un peregrinaje hacia otra vida mejor, que hay que ganar en la tierra. Las tres esferas del Mas Allá mencionadas aquí aparecen representadas en la Divina Comedia. De esta obra se ha hablado en esta entrada anterior.

Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza.

Estas palabras de color oscuro

Vi escritas en lo alto de una puerta;

Y yo: “Maestro, es grave su sentido”.

Y, cual persona cauta, él me repuso:

“Debes aquí dejar todo recelo;

Debes dar muerte aquí a tu cobardía.

Hemos llegado al sitio que te he dicho

En que verás las gentes doloridas,

Que perdieron el bien del intelecto”.

Fragmento extraído de la obra citada

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La imagen está extraída de aquí, donde podrás encontrar información sobre algunas de las mejores ilustraciones de la Divina Comedia.

Frente a esta visión tan macabra de la muerte, encontramos otra más idealizada: la del héroe. Este suele morir rodeado de los suyos, que entonan lamentos colectivos por la gran pérdida que supone su marcha. Ángeles y seres celestiales suelen llevarse al alma del protagonista, que muere en la batalla.

Recostado bajo un pino está el conde Roldán, vuelto hacia España su rostro. Muchas cosas le vienen a la memoria: las tierras que ha conquistado el valiente de Francia, la dulce; los hombres de su linaje; Carlomagno, su señor, que lo mantenía. Llora por ello y suspira, no puede contenerse. Mas no quiere echarse a sí mismo en olvido; golpea su pecho e invoca la gracia de Dios:

-¡Padre verdadero, que jamás dijo mentira, Tú que resucitaste a Lázaro de entre los muertos, Tú que salvaste a Daniel de los leones, salva también mi alma de todos los peligros, por los pecados que cometí en mi vida!

A Dios ha ofrecido su guante derecho: en su mano lo ha recibido San Gabriel. Sobre el brazo reclina la cabeza; juntas las manos, ha llegado a su fin. Dios le envía su ángel Querubín y San Miguel del Peligro, y con ellos está San Gabriel. Al paraíso se remontan llevando el alma del conde.

                    Anónimo, Cantar de Roldán

Batalla de Roncesvalles (778). Muerte de Roldán, en las Grandes Crónicas de Francia, ilustradas por Jean Fouquet, Tours, hacia 1455-1460, BNF.

El poeta francés François Villon (siglo XV) escribirá también sobre la belleza marchita, aunque con un tono humorístico y picaresco  semejante de los goliardos y los fabliaux narrativos. Mención especial merece su “Balada de los ahorcados”.

 

 

La mujer en la Edad Media

Además de la mujer idealizada que aparecía en los textos poéticos, hay en la literatura medieval una mujer más real, menos divinizada y más ingeniosa  que algunos autores describen así:

Vosotros decís que es una gran desgracia casarse con una mujer pobre debido al coste; pero si ella es rica y mantiene buenas relaciones, entonces decís que es una tortura tener que aguantarle su orgullo y sus malos humores. ‘Tú, sinvergüenza! Si ella es bonita, decís que todos los lujuriosos irán tras ella, y que su castidad no durará ni un minuto si es asediada por todas partes. (…) ¿Y para qué te sirve toda tu vigilancia y cuidados? Algunas veces pienso que te gustaría guardarme encerrada en tu caja fuerte. Lo que tendrías que decirme es esto: “Querida esposa , ve donde quieras y diviértete; no daré oídos a las habladurías. Doña Alicia, sé que eres una fiel y leal esposa.” Nosotras no podemos amar a un hombre que mantenga un control de nuestras idas y venidas; debemos ser libres”

Geoffrey Chaucer, Cuentos de Canterbury, siglo XIII

Los cuentos de Canterbury  fue llevada al cine en 1972 por Pier Paolo Pasolini.

En la obra se describe a un grupo de peregrinos, que se dirigen a la catedral de Canterbury y van narrando sucesivamente distintos cuentos. En ella se retratan con mucho humor todos los sectores de la sociedad.  Algunos cuentos abordan las tensiones de la vida matrimonial. En la sociedad medieval, el amor entre los esposos está  fuertemente jerarquizado: la esposa ha de estar sujeta al marido. Contra esta condición esclava de la mujer, protestará, antes de relatar su cuento, la llamada comadre de Bath. Puedes escuchar o leer el cuento aquí.

El humor que destilan estos relatos lo encontramos también en los fabliaux franceses (siglos XII_XV), poesía narrativa, satírica y de carácter popular con versos irreverentes y chispeantes.

“Ocurre además, que las mujeres dirigidas por las voluntades de los padres, madres, hermanos y maridos, no poseen libertad para elegir los placeres, y, es más, permanecen en la mayoría del tiempo recluidas en el círculo reducido de sus habitaciones, permaneciendo casi ociosas, deseando cosas que al cabo de media hora desprecian, y debatiéndose en pensamientos que no siempre son alegres. Y si alguna melancolía nacida de fogosos deseos acude a su mente, conviene que se guarden, si nuevos razonamientos no la expulsan. Y eso que son menos fuertes que los hombres en conformarse.

En el caso de los hombres enamorados no ocurre lo mismo, como podemos claramente observar. Estos, si están invadidos de alguna pesadumbre o pensamiento triste, poseen muchos modos de disiparlo o aliviarlo; para eso, si quieren , pueden pasear, oír y ver muchas cosas, cazar, pescar, ejercitarse en la cetrería, cabalgar, jugar…”

Giovanni Boccaccio, El Decameron

 Este autor compuso una colección de cien cuentos o novelas breves titulada Decamerón. Varias  damas florentinas, acompañadas de tres caballeros, huyen de la peste que azota Florencia y se refugian en una casa de campo. Para entretenerse, se dedican a danzar, cantar y narrar cuentos. En total, son diez jornadas en las que cada uno relata un cuento a diario. La obra se caracteriza por su carácter alegre y festivo y está latente un sentido hedonista de la vida.  En esta entrada antigua del blog hay más información sobre estos cuentos florentinos.

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Procedencia de la imagen

La literatura árabe también tiene una importante  colección de cuentos, la legendaria Las mil y una noches (siglos XI-XIV).

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Una astuta narradora, Scheherezade, se libra de la muerte gracias a su talento para contar historias. Algunas de las historias más famosas que cuenta la protagonista son “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, “Simbad el marino” y “Aladino y la lámpara maravillosa”.

Suite sinfónica del compositor ruso Nikolái Rimski-Kórsakov

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En todas la colecciones de cuentos anteriores aparece la técnica de la narración enmarcada. Como habrás deducido, esta consiste en la inclusión de varios relatos en el marco de otro principal. También recibe el nombre de técnica de cajas chinas o muñecas rusas.

Otras obras de cuentos, también medievales, en las que se puede observar esta técnica narrativa son: El conde Lucanor,  y Calila e Dimna.

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La primera  está formada por 51 ejemplos o cuentos en los que el autor nos presenta a un joven noble que recibe consejos de su ayo, que funciona como consejero. Todos los capítulos tienen la misma estructura: el joven conde Lucanor plantea un problema y su ayo Patronio le explica la solución con un ejemplo, a modo de cuento, y una moraleja en dos versos que contiene el resumen del consejo. El conde Lucanor es un obra creada por don Juan Manuel, sobrino de Afonso X el Sabio (autor de las cantigas de Santa María y creador de la Escuela de Traductores de Toledo, donde se tradujo el Panchatantra, que dio lugar al Calila e Dimna.

Hemos leído un cuento de las tres obras: la historia de la lechera. Podéis recordarlo aquí.

Como hemos empezado la entrada con una visión de la mujer (no idealizada) medieval, acabamos también con la descriptio puellae de una dama ajustándose a los cánones de belleza medieval. Aparece en El libro del buen amor.  La obra está compuesta por Juan Ruiz, arcipreste de Hita.

Busca mujer hermosa, atractiva y lozana,
que no sea muy alta pero tampoco enana;
si pudieras,  no quieras amar mujer villana,
pues de amor nada sabe, palurda y chabacana.

Busca mujer esbelta, de cabeza pequeña,
cabellos amarillo no teñidos de alheña;
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancheta de caderas, ésta es talla de dueña.

Leer más

Paco Ibáñez canta el poema

Cousas así soio pasan nos grandes amores

“(…) La reina estaba en  su cámara. El rey, dormido, la tenía en sus brazos. De repente escuchó un canto suave y triste como el del ruiseñor que se despide al terminar el verano. La reina reconoció a su amigo que en el Morois imitaba el canto del ruiseñor, del papagayo, de la oropéndola y de todos los pájaros del bosque. “Es Tristán- pensaba_, que viene a darme su último adiós”. Allí afuera, la melodía dulce y lastimera se hacía más vibrante. “Es Tristán que aguarda fuera, en medio de la oscuridad y del frío”. ¿Cómo podría no acudir?

Suavemente se desliza de los brazos del rey. Sobre su camisa echa un manto de peñas grises. (…) Tristán salió a su encuentro y la abrazó en silencio. Como cosidos por lazos invisibles permanecieron unidos hasta el alba. Durante gran parte de la noche, a despecho del rey de los vigías, se entregaron al amor y al placer.(…)”

Fragmento de la obra Tristán e Iseo, ed. A.Yllera

El romance de Tristán e Iseo (o Isolda) es, sin duda, uno de los más trágicos y populares de la Edad Media; se basa en una antigua leyenda celta y encontramos diferentes versiones de la obra en toda Europa   El argumento de la historia es el que sigue: el joven caballero Tristán es el encargado de ir a buscar a Irlanda a Iseo, con la que su tío, el rey Marco de Cornualles debe casarse. Durante la travesía en barco de regreso a Inglaterra, Tristán e Iseo, beben por error, un filtro cuyo fin era asegurar amor eterno entre la prometida Iseo y el rey Marco. Incapaces de escapar a este funesto amor, los amantes se ven obligados a separarse. Herido de muerte, Tristán hace llamar a Iseo para verla por última vez. Sin embargo, una tempestad impide a Iseo llegar a tiempo y muere de pena junto al cuerpo de su amado.

Tristan e Isolda representados por el pintor Herbert Draper (1863–1920)

 Salvador Dalí los vio así:

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En esta página puedes ver cómo son vistos Tristán e Iseo por otros pintores a lo largo de la historia.

El idilio de ambos  también será inspiración para una hermosa ópera compuesta por Wagner:

Preludio y muerte de amor, Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia

Además, la historia fue llevada al cine:

 Álvaro Cunqueiro, que, como hemos visto, conocía bien la materia de Bretaña y las leyendas celtas, tampoco pudo resistirse a la historia de los amantes:

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Este Tristán do que conto nunca soubo por qué lle puxeran ese nome no sacramento do bautismo, nin coñecía a ninguén que se chamase coma el.
Un tío seu que traballaba como camareiro nun restaurante moi famoso de Lisboa, dicíalle que en Portugal coñecía a dous ou tres cabaleiros dese nome, e que todos eles eran moi ricos. Tristán foi cumprir o servizo militar a León, e alí un día, nun quiosco, mercou por dous reás “La verdadera historia de los amantes Tristán e Isolda”, cos namorados moi abrazados na portada do folletín. Ao fin ía saber quén fora aquel Tristán cuxo nome levaba. Cando chegou ao final da historia, coa morte de ambos namorados, Tristán García verteu unhas bágoas. E dende aquela deu en matinar que andando el polo mundo atopaba a unha muller chamada Isolda, e gustábanse, e facíanse noivos, e casaban, e vivían moi felices en Viana do Bolo, de onde Tristán era natural A todos os seus compañeiros do Rexemento de Burgos 38, preguntáballes se por un casual habería no seu pobo unha rapaza que se chamase Isolda. Nona había. Había algunha Isolina solta, pro Isolina non era o mesmo que Isolda. Tristán doíase de non dar con esa Isolda, porque se non a atopaba agora en León, onda había tanta familia, nona ía atopar en Viana do Bolo, traballando na terra. Un día mandouno chamar un sarxento chamado Recuero.
-Ti es ese que andas coa teima de atopar unha muller que se chame Isolda?
-Si señor.
-Pois en Venta de Baños hai unha viúda con ese nome.
-Nova ou vella?
-Qué sei eu! Coido que é churreira.
Tanto tiña metido no seu maxín o noso Tristán a novela famosa, que non puido dubidar de que aquela Isolda de Venta de Baños fose nova e fermosa. En todo caso, se era vella, tería unha filla ou unha sobriña que seguise no nome, e si era churreira como ela podía seguir co negocio en Ourense ou en Viana, onde xa era hora que deran nos bares chocolate con churros. Tivo Tristán un permiso, e cos vinte pesos que tiña aforrados tomou en León o tren para Venta de Baños. Xa naquel empalme preguntou pola churrería da Isolda. Estaba a churrería preto da estación. E a señora Isolda era aquela que estaba envolvéndolle uns churros a un señor cura. Era unha velliña de cabelo branco, fermosos ollos negros, a pel tersa, as mans moi graciosas pondo os churros no papel de estraza e esparexendo o azucre por derriba deles. Tristán dubidou entre falarlle ou non, pero xa levaba gastadas corenta e sete pesetas no billete de ida e volta.
-Bo día! Vostede é a señora Isolda?
-Servidora!, respondeulle a velliña, sorríndolle.
-É que eu son Tristán e viña a coñecela!
A velliña pechou os ollos, e agarrouse ao mostrador para non caer. Bágoas rodaban polas súas meixelas.
-Tristán! Tristán querido!, puido dicir ao fin. Toda a miña mocidade agardando a coñecer un mozo que se chamase Tristán! E como non viña, casei cun tal Ismael, que era de Madrid!
Tristán saudou militarmente, e despacio volveuse á estación a agardar o primeiro tren para León. Cando este chegou e Tristán subía ao vagón de terceira, apareceu a señora Isolda, con un paquete de churros. Doullo a Tristán e bicoulle a man. Non se dixeron nada.
Cousas así soio pasan nos grandes amores.

 

 Os outros feirantes

Carmina Burana

Además del amor cortesano se desarrolla en la Edad Media un “amor tabernario” creado por los goliardos. Estos  eran estudiantes universitarios y clérigos desocupados cuyos cantos  ponen de manifiesto el propósito de disfrutar de una vida alegre y festiva. Sus textos satirizan el ambiente que les rodea, parodian los himnos eclesiásticos, cantan al vino y al amor y dan rienda suelta a la picardía estudiantil. El amor en sus poemas tiene carácter malicioso e irónico y se relaciona con el sexo y el deseo. Muchas de estas composiciones, acompañadas de música, se encuentran recogidas en un cancionero llamado Carmina Burana (siglos XII y XIII) . En el siglo XX el compositor Carl Orff elabora una cantata escénica empleando como base algunos de los poemas medievales extraídos de ese cancionero.

O Fortuna“, Cantata Carmina Burana

El sentido hedonista de la vida que transmiten se puede relacionar con la poesía de Anacreonte y también con el Decamerón de Boccaccio.

Abelardo y Eloísa

 

Pedro Abelardo (1079-1142) es, además de un famoso teólogo medieval, un escritor que ha transmitido su dolorosa tragedia sentimental en el emotivo relato Historia de las desdichas de Abelardo. Abelardo se enamoró de su discípula Eloísa, pero sus amores a mores fueron descubiertos por el tío de ella, quien acabó ordenando la castración del filósofo. Abelardo toma los votos y pide a su amada que consagre también su vida a Dios.  En el convento, Eloísa lee la Historia de su amado. Al recordar sus desdichas, ella le escribirá una extensa carta. Abelardo le responderá y entre ambos se establecerá un apasionante intercambio epistolar. La historia de amor de Abelardo y Eloísa fue fuente de inspiración de cuadros:

 

 

 

 

 

 

 

Abelardo y Eloísa son sorprendidos por Fulberto. Pintura titulada Les Amours d’Héloïse et d’Abeilard, del artista Jean Vignaud (1819).

El adiós de Eloísa a Abelardo, óleo sobre tela expuesto en el Museo del Hermitage, pintado en 1780 por Angelica Kauffmann para ilustrar la edición de Alexander Pope.

Tumba de Eloísa y Abelardo realizada en 1807 por Alexandre Lenoir y trasladada al cementerio Cementerio del Père-Lachaise

Sabina actualizó la historia de los amantes así:

Pájaros de Portugal

La donna angelicata

En el siglo XIII, el dolce stil nuovo italiano da un paso más en el proceso de idealización de la mujer . Guido Calcavanti presenta a una mujer cuya belleza supera la hermosura de la naturaleza:

“En vos están las flores y el verdor

Y todo lo que luce y es hermoso;

Más que el sol resplandece vuestro gesto:

Nada vale aquel que no os conoce.

Ninguna criatura hay en este mundo

Tan llena de placer y de belleza;

A quien de Amor se recela, lo incita

Vuestro bello rostro a que lo quiera (…)”

Resultado de imagen de donna angelicata

   Dino Frescobaldi habla de la angélica figura de la mujer, dando nombre al tópico de la donna angelicata. Para estos poetas florentinos la mujer ya no es un simple ser humano, porque su belleza es proyección de la divinidad (¡¡¡¡he aquí la influencia de Platón!!!!!):

“Al veros, en el hablar y en el rostro

Me parecéis angélica figura;

Sobre cualquier corazón mortal tenéis

Incontables virtudes, no sé cuántas:

Creo que en vos están todas reunidad,

Pues sois tal milagro de belleza;

En vuestros actos tan noble os mostráis,

Que se enamora quien esté delante. (…)”

Se inicia entonces un camino de divinización de la amada que cristalizará en el arte renacentista, tanto en pintura como en literatura.

       Guido Guinizzelli no solo presenta a una mujer adornada de belleza angelical, sino que posee la virtud de hacer mejores a quienes con ella cruzan sus vidas:

“Quiero en verdad alabar a mi dama,

Y compararla a la rosa y al lirio:

Más que el lucero al alba brilla

Y supera lo más bello del cielo.

 

El campo y el aire a ella comparo,

Las flores con su color, amarillo,

Rojo, oro, azul, y la alegría:

Incluso Amor por ella se mejora.

 

Gentil y bella pasa por la calle;

Si saluda, destruye todo orgullo;

Hace de nuestra fe a quien no cree;

 

No se le puede acercar el vil

Y tiene, además, otra virtud:

Nadie desea el mal mientras la ve.

 

     Dante, en su Vita nuova, también presenta a una mujer adornada de belleza y virtudes casi divinas, pero incorpora una novedad: la amada tiene nombre y biografía propia. El poeta sitúa a Beatriz, tras su muerte real en el Paraíso con el mismo Dios. La amada se ha reintegrado al que es su lugar natural, pues su vida terrenal estuvo dominada por la humildad y la bondad:

Beata Beatrix, óleo de Dante Gabriel Rossetti (1828-1882)

ASÍ PUES BEATRIZ ESTÁ EN EL ALTO CIELO.
en el reino donde los ángeles tienen paz,
y está con ellos, y a vosotras, damas, ha dejado:
no nos la llevó la cualidad del hielo
ni del calor, como con otras hace,
mas sólo fue su gran benignidad;
porque, resplandeciente de humildad
cruzó los cielos con tanta virtud 
que maravilló al eterno Sire,
tanto que un dulce deseo
lo llevó a llamar tanta salud,
y hacerla a subir a él desde aquí abajo,
porque veía que esta vida tediosa
no era digna de tal cosa. 

Dante y Beatriz, por el pintor prerrafaelista Henry Holiday, que imagina el encuentro entre Dante y Beatriz en el puente de Santa Trinidad.