Medea

Algunas de vosotras (y Juan )habéis visto en Ourense la adaptación que hizo El Ruiseñor de  la obra de Eurípides, Medea,  en el marco del Festival de Teatro grecolatino.

Aquí os dejo otra Medea (interpretada por Blanca Portillo) de Tomaz Pandur ( que  también dirigió el Fausto del Centro Dramático Nacional):

En este artículo se hace una interesante reflexión sobre esa Medea (revisada por Darko Lukić y Livia Pandur), que se estrenó  en el Festival de Teatro Clásico de Mérida en 2009:

En el marco de ese mismo festival  Ana Belén interpretó a Medea:

La reconocida Aitana Sánchez Gijón  también se puso en la piel de la Medea clásica en alguna ocasión:

Maria Callas puso su voz para cantar la trágica historia de esta mujer:

Por otro lado, Pier Paolo Pasolini llevó al cine la historia:

El destino fatal

La creencia en el destino (fatum, en latín), muchas veces un destino fatal, aparece en varias obras de la literatura grecolatina. Edipo es un ejemplo de personaje condenado a un destino trágico. Para los que no la habéis leído,aquí va un pequeño resumen de su historia (que ya nos ha contado Inés). En el margen puedes ver un cuadro de Moreau, “Edipo y la esfinge”:

Layo, rey de Tebas, casado con Yocasta, ante la imposibilidad de tener hijos deciden consultar al oráculo de Delfos que les indica que si engendran un hijo, este dará muerte al padre. Tras esto, deciden no mantener relaciones sexuales durante un tiempo, mas una noche se embriagan y conciben a tan fatídico hijo.

Al poco de nacer el niño, Layo se lo entrega a un sirviente  para que lo abandone a una muerte segura en el monte Citerón, no sin antes atravesarle los pies (nadie recogería a un bebé tullido). De ahí procede el nombre de Edipo (Oidipous: pie hinchado). El sirviente se apiada del niño y se lo entrega a un pastor corinto, este se lo entrega a sus reyes, Pólibo y Mérope, quienes, por no haber podido concebir hijos, reciben al recién nacido con gozo y lo crían como si fuese suyo. Durante un banquete un invitado borracho se mofa de Edipo diciéndole que no es hijo de los reyes por lo que, el héroe, ante las profundas dudas consulta al oráculo. El dios de Delfos no le responde sobre su origen, solo le repite el oráculo dado a Layo: que matará a su padre añadiendo que se casará con su madre y tendrá hijos con ella. Considerando que se refiere a Pólibo y Mérope, Edipo dirige sus pasos lejos de Corinto y se dirige a Tebas. Allí, ante la muerte de Layo, muerto sin descendencia, su cuñado Creonte, hermano de Yocasta, se hace con el trono. Edipo, tras una serie de sucesos, se casará con Yocasta, su verdadera madre, con la que tendrá varios hijos: dos niñas Antígona e Ismene y dos varones, Etéocles y Polinices.

Marcel Baschet (1862 – 1941): Edipo maldice a Polinices(Œdipe condamne Polynice), en presencia de Antígona e Ismene.

En esta entrada anterior puedes encontrar más información sobre  Edipo.

Mujeres abandonadas en la Grecia clásica

De novo Penélope escríbelle a Circe: “(…) Medea, a miña doce Medea, a miña meniña rebuldeira, aquela que levada polo amor trocara a súa xentileza en argucias e a súa candidez en perversiddae, vaise vingar de Xasón do xeito máis abominabel e cruel que se coñece. Vaino obrigar a renunciar a todo aquilo ao que ela renuciou por seguilo. Vaille quitar o único que estima. Sabe que será un acto terríbel co que ela mesma se mutiliará no máis profundo e borrará do seu ser calquera rastro de humanidade. Mais será tamén un novo acto de rebeldía contra o poder dos homes, un atentado contra as leis da primoxenitura. (…)

Páxina 115, Circe ou o pracer do azul

Es Medea un ejemplo, junto con Ariadna, de mujer abandonada en la literatura clásica.

Eugène Delacroix: Medea furiosa (Médée furieuse, 1862).

  Medea es la protagonista de la saga de los argonautas. El héroe Jasón, que se ha criado lejos de su país natal, Yolcos, regresa a este después de que su padre haya sido suplantado en el trono por su tío Pelias.

El usurpador es avisado por un adivino que debe guardarse de un hombre con una sola sandalia y, pensando que es Jasón, lo envía a la aventura imposible de conquistar el Velloncillo de Oro (la piel dorada de un carnero mágico). Este reúne a sus amigos los argonautas y llega hasta el confín de la tierra, la Cólquide. Allí logra el botín gracias a Medea, hija del rey Colco Eetes, la cual rebelándose contra su padre , y empleando sus artes mágicas, le ayuda a superar las pruebas necesarias para hacerse con el velloncillo. Medea traiciona así a su padre y a su patria por amor a un extraño. Se casa con él, pero Jasón le es infiel y la abandona, lo que impulsa a la heroína a una bárbara venganza: dar muerte a la nueva prometida y a los hijos que tuvo con Jasón.

 

La historia de Medea es recreada en los escenarios por tu ya conocido Eurípides:

El director de cine Pier Paolo Pasolini:

El abandono también es sufrido por Ariadna, quien con un ovillo había ayudado a Teseo a salir del famoso Laberinto que encerraba al Minotauro, un monstruo mitad toro, mitad hombre. Teseo prometió llevar a Ariadna consigo a Atenas, pero la abandonó en la isla de Naxos.

En las Heroidas de Ovidio, obra que inventa cartas de amantes míticos, se recoge la queja de la amada:

Me has mostrado que cualquier linaje de fieras es más tratable que tú. ¡A nadie podía haberme confiado peor que a ti! Las palabras que estás leyendo te las envío, Teseo, desde aquella playa de las que las velas se llevaron tu nave sin mí, y en la que para mi desgracia me traicionó mi sueño, y tú, que te conjuraste criminalmente con mi sueño.

Era el momento en que la cristalina escarcha comienza a salpicar la tierra, y las aves a quejarse, ocultas entre el follaje. Aún no despierta del todo, amodorrada por el sueño, moví mis manos, incorporándome, para abrazar a Teseo. No había nadie. Retiro mis manos y por segunda vez palpo y muevo los brazos por el lecho. No había nadie. Retiro mis manos y por segunda vez palpo y muevo los brazos por el lecho. No había nadie. Los temores sacudieron el sueño; aterrorizada me levanto, y mis miembros se lanzaron fuera del lecho solitario. Enseguida resonó mi pecho al golpe de las palmas y, según me encontraba, despeinada por haber estado durmiendo, me arranqué los cabellos. Había luna. Miro por si puedo ver algo que no sea la playa, pero mis ojos no tienen nada que mirar que no sea la playa. Unas veces hacia aquí, otras hacia allí y hacia ambos lados corro sin orden, y la espesa arena refrena mis pies de muchacha. Mientras tanto, cuando gritaba por toda la playa: “¡Teseo!”, los huecos roquedales me devolvían tu nombre, y cuantas veces yo te llamaba, te llamaba otras tanta el lugar mismo; el mismo lugar quería prestar ayuda a la desgraciada. Había un monte; se divisan en lo alto unos pocos matorrales; desde ahí cuelga un escollo, roído por las sonoras aguas. Lo escalo. El coraje me daba fuerzas. Y así puedo medir con la mirada la alta mar en toda su extensión. Desde allí -pues también los vientos fueron crueles conmigo- contemplé los lienzos tensos por el arrebatado Noto. O los vi, o tal vez fue que creí haberlos visto. Me quedé más fría que el hielo y apenas viva.

(Aquí puedes leer la epístola completa)

A continuación puedes ver un magnífico cortometraje de Sebastian Heda sobre Picasso y sus dibujos de Minotauros.

 

“When I am laid in earth”

Otro de los temas abordados en la literatura griega y latina es la muerte por amor.

El poeta romano, Virgilio es el autor de la obra más importante de la épica latina: la Eneida.

La primera parte de esta epopeya toma como modelo la Odisea. El héroe troyano Eneas emprende una larga travesía por mar desde la Troya incendiada  en busca de una nueva tierra donde establecerse: Italia. Dido es la reina de Cartago, a donde llega Eneas tras uno de sus múltiples periplos. Tras una intensa historia de amor, el héroe, por mandato de los dioses, se ve obligado a dejarla para continuar su camino  y llegar a Italia, donde ha de fundar una nueva ciudad. Dido no acepta el abandono y decide suicidarse prendiendo una gigantesca pira.  La segunda parte, influida por la Ilíada, narra los combates de los troyanos en la península itálica, en lo que constituye un relato épico de fundación de la nación romana.

Jessye Norman  canta el aria también conocida como “Lamento de Dido“, de la ópera Dido and Aeneas (1682) de Henry Purcell.

Otra mujer “antigua” que vive un amor  apasionado y trágico es Fedra, cuya historia será representada en el teatro por Séneca. Esta mujer, hermana de Ariadna, es abandonada por su esposo Teseo. Cuando esto ocurre se enamora de su hijastro Hipólito, que la rechazará. Ante este hecho, se suicida tras escribir que él había intentado violarla. Teseo, enfurecido, mata a su hijo y conoce la verdad demasiado tarde. Tanto el dramaturgo griego Eurípides (480- 406 a. C.) como el latino Séneca (4 a.C.-  65 d.C.) se ocuparon de esta historia mítica.

A partir de una visión de Fedra hecha por Juan Mayorga para el Festival de Mérida, dirigida por José Carlos Plaza.

 

Las mujeres rebeldes de la literatura clásica

Ya en la literatura clásica aparecen ejemplos de mujeres rebeldes. El mayor ejemplo de rebeldía femenina sería el de Antígona, hija de Edipo, cuya historia es una exposición del primer acto de desobediencia civil , término acuñado por Thoreau, autor a quien ya conoces. Era el escritor que inauguraba los encuentros literarios en El club de los poetas muertos:

Tras el cerco de Tebas con la derrota de los sitiadores, Creonte, como nuevo rey, proclama que, por traidor a la ciudad, se prive a su sobrino Polinices de los ritos fúnebres. Frente a esto, Antígona, hermana del muerto, decide desobedecer esta ley. Sófocles vierte su historia en la tragedia Antígona. En esta entrada anterior puedes encontrar más información sobre la modernidad y la trascendencia de Antígona.

 Antígona (Frederic Leighton, 1830-1896).

En un tono más cómico, el mayor representante de la comedia griega Aristófanes nos cuenta la historia de Lisístrata. Esta es una mujer ateniense, que harta ya de no ver a su marido, pues este está siempre en guerras, decide reunir a un grupo de mujeres y les plantea que  cree tener  la solución para acabar con la guerra del Peloponeso: la abstención sexual. Las mujeres toman la Acrópolis ateniense y llevan a cabo su plan. Aquí puedes leer una entrada sobre Lisístrata.

Archivo:Lisistrata antigua 015.jpg

Otro ejemplo de mujeres rebeldes es el que Eurípides  recoge en Las troyanas. Se trata de un drama protagonizado por mujeres, que lamentan las desgracias que traen consigo las guerras y cómo son invitadas por los guerreros vencedores a resignarse. Deben aceptar y ser sumisas a los maridos que les toque en suerte. Solo Casandra se rebelará ante tal resignación. Helena, causante de la guerra, pasa a un papel secundario y Hécuba, que ha perdido a su marido, hija, hijos y nieto, es la protagonista.

Fragmento de la representación de la obra Las Troyanas dirigida por Mario Gas.

De alguna de esas mujeres habla así Penélope en una carta que esta le dirige a Circe en la obra de lectura optativa  Circe ou o pracer do azul:

“(…) Helena foi recuperada por Menelao e devolta a Esparta xa non como esposa, mais como trofeo, e ten agora que se resignar a vivir xunto ao átrida como serva conquistada, sen posibiliddae de reaccionar ante ningunha das aldraxes que o seu amo e marido se congratula en lle causar. O seu nome é odiado e maldecido por todos a quen a guerra non trouxo gloria nin riquezas, senón desgrazas e morte. Ela, que só quixo saberse amada, que só pretendeu seguir sendo a fermosa cativa aloumiñada e benquerida por cantos a rodeaban, vese agora presa do desprezo de quen antes tanto loaba a súa beleza. Helena encanece e murcha rodeada de odio e carente de toda estima. Din que foi a beleza a causa da súa perdición, mais non tal, foi a súa necesidade de amar e de se sentir amada o que lle aparellou a desgraza(…)”

Páxinas 134-135, Circe ou o pracer do azul

Pedro Guerra canta a esa Casandra mitológica:

E Ismael Serrano habla así de ella:

Una silueta de sombra para que te acompañe en Ítaca

Hemos llegado estos días con Ulises a su patria, Ítaca. No somos las únicas.

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También el narrador de La reina de las nieves conoció el poema de Cavafis que hoy comentamos:

“(…) Me concentré, procurando hacer memoria. Me lo había recitado Clara, aquella tarde, delante de la iglesia de San Zeno. Venía en un libro que compré luego, cuando empecé a añorarla, y que también se perdió. Aunque no del todo sus palabras. Es un poema de Cavafis. Lo empecé a recitar despacito, en aquel cuarto revuelto y mal iluminado a modo de nana para el recuerdo. Y no sabía a quién se o estaba dedicando. Seguramente a mí mismo, como siempre. Me desdoblaba en dos perfiles enfrentados que trataban de inflar el globo de la noche, de ponerle un remiendo más.

Cuando el viaje emprendas hacia Ítaca

haz votos porque sea larga la jornada.

Llegar allí es tu vocación. No debes,

sin embargo, forzar la travesía.

Hice una pausa, sospechando que me había saltado alguna estrofa. No me acordaba de más. Mónica emitió un gemido de placer.

_ ¿Ya no tienes ganas de llorar?

Negó con la cabeza. Sonreía adormilada.

_ ¿Y tú?_preguntó después de un rato, sin abrir los ojos, en una voz tan confusa que casi no se le entendía.

_¿Yo? No, mujer. Los ángeles de las despedidas nunca lloran. Ni duermen. Me voy a quedar ahí fuera, cosiendo con tus sueños viejos una silueta de sombra para que te acompañe en Ítaca. Te la coseré a los pies. Y así el cuento acabará bien. Un remiendo que tal vez dure poco, porque nada en este mundo dura mucho, pero también se puede disfrutar de lo efímero, ¿no te parece? (…)”

Página 218, La reina de las nieves, Carmen Martín Gaite, editorial Anagrama

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(Procedencia de la imagen)

Ismael Serrano nos recita este poema, que es más que eso, es un consejo para vivir: