Más Confesiones

Entre 1782 y 1789 se publicó la obra que alumbró una nueva forma de hacer memoria de la propia vida: las Confesiones de Jean Jacques Rousseau (1712-1778), escritor y filósofo ilustrado.  En esta página hay un artículo muy interesante sobre la obra. Así comienza la obra:

“He aquí lo que hice, lo que pensé y lo que fui. Con igual franqueza dije lo bueno y lo malo. Nada malo me callé ni me atribuí nada bueno; si me ha sucedido emplear algún adorno insignificante, lo hice sólo para llenar un vacío de mi memoria. Pude haber supuesto cierto lo que pudo haberlo sido, mas nunca lo que sabía que era falso. Me he mostrado como fui, despreciable y vil, o bueno, generoso y sublime cuando lo he sido. He descubierto mi alma tal como Tú la has visto, ¡oh Ser Supremo! Reúne en torno mío la innumerable multitud de mis semejantes para que escuchen mis confesiones, lamenten mis flaquezas, se avergüencen de mis miserias. Que cada cual luego descubra su corazón a los pies de tu trono con la misma sinceridad; y después que alguno se atreva a decir en tu presencia: “Yo fui mejor que ese hombre.”
Nací en Ginebra en 1712, Fueron mis padres los ciudadanos Isaac Rousseau y Susana Bernard. Mi padre no tenía más medio de subsistencia que su oficio de relojero, en el que era muy hábil, pues le correspondió muy poco, o casi nada, de una herencia pequeña a repartir entre quince hermanos. Mi madre, hija del reverendo Bernard, tenía más fortuna. Era bella y discreta. No sin trabajo pudo mi padre casarse con ella. Empezaron a quererse desde niños. Entre los ocho y los nueve años se paseaban juntos por la Treille; a los diez, ya no podían vivir separados. El sentimiento que había despertado en ellos la costumbre se afianzó por la simpatía y uniformidad de sus almas.

Va desgranando en ella cómo fue su infancia, su juventud, su madurez al tiempo que hace un retrato de la sociedad y el tiempo que le tocó vivir.

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(Procedencia de la imagen)

Pero el género de las memorias no se dejaría encasillar. Pronto su estructura y su forma fueron aprovechadas por los escritores para escribir narraciones ficticias, hecho que se producirá, sobre todo, en la novela inglesa., la cual, a mediados del siglo se encuentra en plena madurez y es, además, el género preferido por la clase media.  Un ejemplo de estas memorias “de ficción” es Vida y opiniones del caballero Tristam Shandy, de Laurence Sterne.  Se trata de una obra rara, excéntrica y brillante que demolerá la forma de hacer novela hasta entonces. Tomando como base las memorias incorpora juegos tipográficos (asteriscos que sustituyen a palabras, garabatos, páginas en blanco y otras en negro para subrayar la muerte de un personaje…), referencias culturales (de escritores, filósofos, artistas y políticos contemporáneos y de la Antigüedad). …), saltos temporales constantes que rompen con la linealidad cronológica y divagaciones de la voz narrativa, en las que se ha querido ver un antecedente del monólogo interior. Además, posee una maravillosa expresividad y una estructura tan original que levantó pasiones en los lectores más receptivos y críticas en los más puristas. No obstante, hasta el siglo XX con las Vanguardias estos atrevimientos no tuvieron continuidad.

La editorial Impedimenta ha publicado una novela gráfica basada en la obra de Sterne.

(Imagen encontrada aquí. La imagen aparece acompañada de una referencia sobre la obra)

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