Locus amoenus

Hermosas ninfas, que, en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas;

agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,

que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.

Garcilaso de la Vega

“Hilas y ninfas” de John William Waterhouse

Locus amoenus es un término literario derivado del latín que significa lugar ameno o placentero y generalmente se hace referencia a un lugar idealizado, que es fuente de seguridad, de belleza, de confort. Además, suele ser lugar de encuentro entre los amantes.  En la literatura, es frecuente la utilización de estos lugares imaginarios e idealizados. 

Ya en la Odisea de Homero la naturaleza participaba de lo divino. En ese locus amoenus vivían las ninfas rodeadas de belleza. El jardín de Alcínoo descrito en la obra aparecen las características del tópico: prado fértil con árboles frutales productivos, corrientes de agua cristalina custodiadas por las flores y el canto de los pájaros… En definitiva, un lugar que se asemeja al Edén.

Chagall pinta el momento en que Odiseo llega palacio de Alcinoo (Canto VII) y es atendido por una esclava e invitado al banquete que se celebra en su honor. Puedes ver aquí más imágenes de la Odisea del mismo pintor.

Estos mismos lugares amenos aparecen ya en las composiciones poéticas pastoriles de Virgilio (concretamente en las Bucólicas, también conocidas como Églogas) y de Teócrito (Los Idilios). Asimismo en esta oda, Horacio describe el paisaje idílico de manera detallada, a pesar de tratarse un fragmento reducido:

“ Se fueron las nieves, ya vuelve la yerba a los campos

y al árbol su cabellera; cambia

de modos la tierra y los ríos decrecen corriendo de

nuevo por los cauces de siempre

 

la Gracia y las ninfas, hermanas gemelas, desnudas se

atreven a dirigir sus coros.”

Ya en la literatura medieval castellana encontramos Gonzalo de Berceo describe un perfecto locus amoenus en sus Milagros de Nuestra Señora:

Yo, el maestro Gonzalo de Berceo llamado,

yendo en romería acaecí en un prado

verde, y bien sencido, de flores bien poblado,

lugar apetecible para el hombre cansado.

Daban olor soberbio las flores bien olientes,

refrescabn al par las caras y las mentes;

manaban cada canto fuentes claras corrientes,

en verano bien frías, en invierno calientes.

Gran abundancia había de buenas arboledas,

higueras y granados, perales, manzanedas,

y muchas otras frutas de diversas monedas,

pero no las había ni podridas ni acedas.

La verdura del prado, el olor de las flores,

las sombras de los árboles de templados sabores

refrescáronme todo, y perdí los sudores:

podría vivir el hombre con aquellos olores.

También en la literatura medieval inglesa se encuentran ejemplos de este tipo de naturaleza, concretamente  la localidad de Heorot , que se describe en  Beowulf es un locus amoenus hasta que la ataca Grendel.

Por otro lado, 
Boccaccio en el Decamerón, sitúa a los diez narradores en un jardín que se corresponde con la definición de locus amoenus. Los narradores, en este jardín, pasan las tardes bajo una arboleda a la sombra fresca que les sirve para alejarse de sus preocupaciones y entretenerse agradable y alegramente, olvidándose de la tristeza.

A Tale from Decameron por John William Waterhouse

Como no podía ser de otra forma, la naturaleza del Renacimiento sigue los cánones de esta tradición bucólica que será recogida por varios autores. De estas obras habían quedado  fijadas unas características  fundamentales: la transfiguración pastoril del poeta que, desdoblado en pastor, tiene la oportunidad de expresar sus sentimientos amorosos y el estereotipo paisajístico del locus amoenus, recreación platónica de la naturaleza que, aparte de su función estética, tendrá diversos significados simbólicos en relación con el estado anímico del poeta: puede ser un simple marco campestre en el que los enamorados viven sus amores y desamores o espejo del amor y de los estados de ánimo de los enamorados. Sería esta  una naturaleza condoliente que comprende al poeta y se compadece de su aflicción (la fuente llora, las aves cantan sus penas…). En ocasiones lo que refleja es la belleza de la dama con la cual compite.

Será Garcilaso de la Vega el primer poeta pastoril de nuestro idioma. Célebre por sus églogas (composición poética caracterizada por una visión idealizada del campo) que muestran muy bien el locus amoenus como se refleja en los versos que abren esta entrada, recupera los lugares idílicos de Virgilio.

El elogio de la vida retirada de las ciudades (beatus ille) y el canto de alabanza a la vida en el campo y al cultivo del huerto es el tema de la  famosa “Oda a la vida retirada” de Fray Luis de León:

“Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido; (…)

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido (…)”

Ya en prosa, uno de los autores renacentistas que recreó en sus obras  este  locus amoenus al más puro estilo clásico fue  Sannazaro en su novela pastoril La Arcadia.  Asimismo , Jorge de Montemayor publicó la primera novela pastoril española: Los siete libros de Diana, o, simplemente, La Diana . Otra obra que siguió este modelo es La Diana Enamorada de Gaspar Gil Polo .

Resultado de imagen de beatus ille

Cervantes también se dejó seducir  por el género pastoril  y compuso La Galatea. También en el Quijote hay episodios bucólicos como el de la pastora Marcela y Crisóstomo. En otro pasaje del libro, don Quijote le propone a Sancho que se conviertan en pastores, y así Cervantes lleva adelante su parodia del lenguaje y las costumbres pastoriles: “nos andaremos por los montes, por las selvas y por los prados, cantando aquí, endechando allá, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o de los limpios arroyuelos (…) Daránnos con abundantísima mano de su dulcísimo fruto las encinas…”.

Por su parte, Lope de Vega  escribió a imitación de la de Sannazaro  su propia Arcadia , que tuvo un éxito considerable.

Con respecto a la literatura inglesa, en las obras de William Shakespeare, el locus amoenus es el espacio que se encuentra fuera de los límites de la ciudad. Es allí donde las pasiones eróticas pueden ser libremente exploradas, fuera de la civilización y de esta manera, ocultos del orden social que tiende a suprimir y regular el comportamiento sexual. Es misterioso y oscuro, un lugar femenino, opuesto a la rígida estructura civil masculina. Se pueden encontrar ejemplos en Sueño de una noche de verano, Como gustéis o Tito Andrónico.

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