Dejad los que aquí entráis toda esperanza

En la Baja Edad Media (siglos XIV-XV) se extendió por Europa la enfermedad de la peste negra que trajo consigo un aumento de la mortalidad y una obsesión por la descomposición del cuerpo.

El triunfo de la Muerte (1562) de Brueghel. La obra está en el Museo del Prado.

Ya Boccaccio, en el Decamerón daba cuenta de esta situación:

Estas cosas,  a la hora de empezar el rigor de la peste, cesaron del todo o en su mayor parte, ocurriendo otras nuevas. Ahora no solamente morían los hombres sin estar rodeados de mujeres, sino que morían sin testigos, siendo muy escasos los que podían gozar de piadosas lamentaciones y amargos llantos. Por el contrario, los supervivientes se entregaban a risas ya bromas y diversas algaradas, costumbre que muchas de las mujeres, abandonando su femenina devoción, aprendieron a la perfección a favor de la salud (…) la gente modesta, y mucha de clase media, sufría mayor miseria, porque la mayoría, retenidas en sus casas por la esperanza o la pobreza, y sin salir de sus vecindades, enfermaban a millares a diario; y al no ser atendidos ni servidos en cosa alguna, morían irremediablemente. Muchos finaban de noche o de día, en plena calle, y otros muchos, aunque pereciesen en sus casas, lo notificaban a sus vecinos con el hedor de sus cuerpos corruptos.

Además, a esta situación hay que añadirle el miedo a la ira de Dios y al Juicio Final que había en una sociedad tan teocéntrica como la feudal. Esta visión tan pesimista y siniestra de la muerte aparecerá en  Danza de la Muerte (en forma de esqueleto la Muerte invitará a bailar a los distintos estamentos_ omnia mors aequat) que tiene varias versiones en las literaturas europeas. A diferencia de la invitación al goce del carpe diem o del collige, virgo, rosas  de los autores clásicos, el hombre medieval contempla la descomposición del cadáver que le recuerda que debe ganarse el Cielo.

En la película El séptimo sello , dirigida y escrita por Ingmar Bergman,  se ve una imagen esta danza (tradición que todavía hay está presente en muchos lugares cuya procesión se realiza en Semana Santa):

Creían los hombres medievales de la Europa Occidental ( y muchos cristianos de hoy en día) creían en la existencia de un Cielo y de un Infierno a donde acudirían después de la muerte. En el Medievo se hablará del Purgatorio (antesala del Cielo donde se purifican los pecados por los que no se ha hecho penitencia en vida). Esta vida sería un peregrinaje hacia otra vida mejor, que hay que ganar en la tierra. Las tres esferas del Mas Allá mencionadas aquí aparecen representadas en la Divina Comedia. De esta obra se ha hablado en esta entrada anterior.

Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza.

Estas palabras de color oscuro

Vi escritas en lo alto de una puerta;

Y yo: “Maestro, es grave su sentido”.

Y, cual persona cauta, él me repuso:

“Debes aquí dejar todo recelo;

Debes dar muerte aquí a tu cobardía.

Hemos llegado al sitio que te he dicho

En que verás las gentes doloridas,

Que perdieron el bien del intelecto”.

Fragmento extraído de la obra citada

Resultado de imagen de divina comedia

La imagen está extraída de aquí, donde podrás encontrar información sobre algunas de las mejores ilustraciones de la Divina Comedia.

Frente a esta visión tan macabra de la muerte, encontramos otra más idealizada: la del héroe. Este suele morir rodeado de los suyos, que entonan lamentos colectivos por la gran pérdida que supone su marcha. Ángeles y seres celestiales suelen llevarse al alma del protagonista, que muere en la batalla.

Recostado bajo un pino está el conde Roldán, vuelto hacia España su rostro. Muchas cosas le vienen a la memoria: las tierras que ha conquistado el valiente de Francia, la dulce; los hombres de su linaje; Carlomagno, su señor, que lo mantenía. Llora por ello y suspira, no puede contenerse. Mas no quiere echarse a sí mismo en olvido; golpea su pecho e invoca la gracia de Dios:

-¡Padre verdadero, que jamás dijo mentira, Tú que resucitaste a Lázaro de entre los muertos, Tú que salvaste a Daniel de los leones, salva también mi alma de todos los peligros, por los pecados que cometí en mi vida!

A Dios ha ofrecido su guante derecho: en su mano lo ha recibido San Gabriel. Sobre el brazo reclina la cabeza; juntas las manos, ha llegado a su fin. Dios le envía su ángel Querubín y San Miguel del Peligro, y con ellos está San Gabriel. Al paraíso se remontan llevando el alma del conde.

                    Anónimo, Cantar de Roldán

Batalla de Roncesvalles (778). Muerte de Roldán, en las Grandes Crónicas de Francia, ilustradas por Jean Fouquet, Tours, hacia 1455-1460, BNF.

El poeta francés François Villon (siglo XV) escribirá también sobre la belleza marchita, aunque con un tono humorístico y picaresco  semejante de los goliardos y los fabliaux narrativos. Mención especial merece su “Balada de los ahorcados”.

 

 

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