La mujer en la Edad Media

Además de esta mujer idealizada que aparecía en los textos poéticos, hay en la literatura medieval una mujer más real, menos divinizada y más ingeniosa  que algunos autores describen así:

Vosotros decís que es una gran desgracia casarse con una mujer pobre debido al coste; pero si ella es rica y mantiene buenas relaciones, entonces decís que es una tortura tener que aguantarle su orgullo y sus malos humores. ‘Tú, sinvergüenza! Si ella es bonita, decís que todos los lujuriosos irán tras ella, y que su castidad no durará ni un minuto si es asediada por todas partes. (…) ¿Y para qué te sirve toda tu vigilancia y cuidados? Algunas veces pienso que te gustaría guardarme encerrada en tu caja fuerte. Lo que tendrías que decirme es esto: “Querida esposa , ve donde quieras y diviértete; no daré oídos a las habladurías. Doña Alicia, sé que eres una fiel y leal esposa.” Nosotras no podemos amar a un hombre que mantenga un control de nuestras idas y venidas; debemos ser libres”

Geoffrey Chaucer, Cuentos de Canterbury, siglo XIII

Los cuentos de Canterbury  fue llevada al cine en 1972 por Pier Paolo Pasolini.

En la obra se describe a un grupo de peregrinos, que se dirigen a la catedral de Canterbury y van narrando sucesivamente distintos cuentos. En ella se retratan con mucho humor todos los sectores de la sociedad.  Algunos cuentos abordan las tensiones de la vida matrimonial. En la sociedad medieval, el amor entre los esposos está  fuertemente jerarquizado: la esposa ha de estar sujeta al marido. Contra esta condición esclava de la mujer, protestará, antes de relatar su cuento, la llamada comadre de Bath. Puedes escuchar o leer el cuento aquí.

El humor que destilan estos relatos lo encontramos también en los fabliaux franceses (siglos XII_XV), poesía narrativa, satírica y de carácter popular con versos irreverentes y chispeantes.

“Ocurre además, que las mujeres dirigidas por las voluntades de los padres, madres, hermanos y maridos, no poseen libertad para elegir los placeres, y, es más, permanecen en la mayoría del tiempo recluidas en el círculo reducido de sus habitaciones, permaneciendo casi ociosas, deseando cosas que al cabo de media hora desprecian, y debatiéndose en pensamientos que no siempre son alegres. Y si alguna melancolía nacida de fogosos deseos acude a su mente, conviene que se guarden, si nuevos razonamientos no la expulsan. Y eso que son menos fuertes que los hombres en conformarse.

En el caso de los hombres enamorados no ocurre lo mismo, como podemos claramente observar. Estos, si están invadidos de alguna pesadumbre o pensamiento triste, poseen muchos modos de disiparlo o aliviarlo; para eso, si quieren , pueden pasear, oír y ver muchas cosas, cazar, pescar, ejercitarse en la cetrería, cabalgar, jugar…”

Giovanni Boccaccio, El Decameron

 Este autor compuso una colección de cien cuentos o novelas breves titulada Decamerón. Varias  damas florentinas, acompañadas de tres caballeros, huyen de la peste que azota Florencia y se refugian en una casa de campo. Para entretenerse, se dedican a danzar, cantar y narrar cuentos. En total, son diez jornadas en las que cada uno relata un cuento a diario. La obra se caracteriza por su carácter alegre y festivo y está latente un sentido hedonista de la vida.  En esta entrada antigua del blog hay más información sobre estos cuentos florentinos.

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Procedencia de la imagen

La literatura árabe también tiene una importante  colección de cuentos, la legendaria Las mil y una noches (siglos XI-XIV).

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Una astuta narradora, Scheherezade, se libra de la muerte gracias a su talento para contar historias. Algunas de las historias más famosas que cuenta la protagonista son “Alí Babá y los cuarenta ladrones”, “Simbad el marino” y “Aladino y la lámpara maravillosa”.

Suite sinfónica del compositor ruso Nikolái Rimski-Kórsakov,

En El libro del buen amor, Juan Ruíz, arcipreste de Hita, hace esta descriptio puellae de una dama ajustándose a los estándares de belleza de la época y después nos narra el caso de la mujer de Pitas Payas.

Busca mujer hermosa, atractiva y lozana,
que no sea muy alta pero tampoco enana;
si pudieras,  no quieras amar mujer villana,
pues de amor nada sabe, palurda y chabacana.

Busca mujer esbelta, de cabeza pequeña,
cabellos amarillo no teñidos de alheña;
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancheta de caderas, ésta es talla de dueña.

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Paco Ibáñez canta el poema

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