La donna angelicata

En el siglo XIII, el dolce stil nuovo italiano da un paso más en el proceso de idealización de la mujer . Guido Calcavanti presenta a una mujer cuya belleza supera la hermosura de la naturaleza:

“En vos están las flores y el verdor

Y todo lo que luce y es hermoso;

Más que el sol resplandece vuestro gesto:

Nada vale aquel que no os conoce.

Ninguna criatura hay en este mundo

Tan llena de placer y de belleza;

A quien de Amor se recela, lo incita

Vuestro bello rostro a que lo quiera (…)”

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   Dino Frescobaldi habla de la angélica figura de la mujer, dando nombre al tópico de la donna angelicata. Para estos poetas florentinos la mujer ya no es un simple ser humano, porque su belleza es proyección de la divinidad (¡¡¡¡he aquí la influencia de Platón!!!!!):

“Al veros, en el hablar y en el rostro

Me parecéis angélica figura;

Sobre cualquier corazón mortal tenéis

Incontables virtudes, no sé cuántas:

Creo que en vos están todas reunidad,

Pues sois tal milagro de belleza;

En vuestros actos tan noble os mostráis,

Que se enamora quien esté delante. (…)”

Se inicia entonces un camino de divinización de la amada que cristalizará en el arte renacentista, tanto en pintura como en literatura.

       Guido Guinizzelli no solo presenta a una mujer adornada de belleza angelical, sino que posee la virtud de hacer mejores a quienes con ella cruzan sus vidas:

“Quiero en verdad alabar a mi dama,

Y compararla a la rosa y al lirio:

Más que el lucero al alba brilla

Y supera lo más bello del cielo.

 

El campo y el aire a ella comparo,

Las flores con su color, amarillo,

Rojo, oro, azul, y la alegría:

Incluso Amor por ella se mejora.

 

Gentil y bella pasa por la calle;

Si saluda, destruye todo orgullo;

Hace de nuestra fe a quien no cree;

 

No se le puede acercar el vil

Y tiene, además, otra virtud:

Nadie desea el mal mientras la ve.

 

     Dante, en su Vita nuova, también presenta a una mujer adornada de belleza y virtudes casi divinas, pero incorpora una novedad: la amada tiene nombre y biografía propia. El poeta sitúa a Beatriz, tras su muerte real en el Paraíso con el mismo Dios. La amada se ha reintegrado al que es su lugar natural, pues su vida terrenal estuvo dominada por la humildad y la bondad:

Beata Beatrix, óleo de Dante Gabriel Rossetti (1828-1882)

ASÍ PUES BEATRIZ ESTÁ EN EL ALTO CIELO.
en el reino donde los ángeles tienen paz,
y está con ellos, y a vosotras, damas, ha dejado:
no nos la llevó la cualidad del hielo
ni del calor, como con otras hace,
mas sólo fue su gran benignidad;
porque, resplandeciente de humildad
cruzó los cielos con tanta virtud 
que maravilló al eterno Sire,
tanto que un dulce deseo
lo llevó a llamar tanta salud,
y hacerla a subir a él desde aquí abajo,
porque veía que esta vida tediosa
no era digna de tal cosa. 

Dante y Beatriz, por el pintor prerrafaelista Henry Holiday, que imagina el encuentro entre Dante y Beatriz en el puente de Santa Trinidad.

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