Las mujeres rebeldes de la literatura clásica

Ya en la literatura clásica aparecen ejemplos de mujeres rebeldes. El mayor ejemplo de rebeldía femenina sería el de Antígona, hija de Edipo, cuya historia es una exposición del primer acto de desobediencia civil , término acuñado por Thoreau, autor a quien ya conoces. Era el escritor que inauguraba los encuentros literarios en El club de los poetas muertos:

Tras el cerco de Tebas con la derrota de los sitiadores, Creonte, como nuevo rey, proclama que, por traidor a la ciudad, se prive a su sobrino Polinices de los ritos fúnebres. Frente a esto, Antígona, hermana del muerto, decide desobedecer esta ley. Sófocles vierte su historia en la tragedia Antígona. En esta entrada anterior puedes encontrar más información sobre la modernidad y la trascendencia de Antígona.

 Antígona (Frederic Leighton, 1830-1896).

En un tono más cómico, el mayor representante de la comedia griega Aristófanes nos cuenta la historia de Lisístrata. Esta es una mujer ateniense, que harta ya de no ver a su marido, pues este está siempre en guerras, decide reunir a un grupo de mujeres y les plantea que  cree tener  la solución para acabar con la guerra del Peloponeso: la abstención sexual. Las mujeres toman la Acrópolis ateniense y llevan a cabo su plan. Aquí puedes leer una entrada sobre Lisístrata.

Archivo:Lisistrata antigua 015.jpg

Otro ejemplo de mujeres rebeldes es el que Eurípides  recoge en Las troyanas. Se trata de un drama protagonizado por mujeres, que lamentan las desgracias que traen consigo las guerras y cómo son invitadas por los guerreros vencedores a resignarse. Deben aceptar y ser sumisas a los maridos que les toque en suerte. Solo Casandra se rebelará ante tal resignación. Helena, causante de la guerra, pasa a un papel secundario y Hécuba, que ha perdido a su marido, hija, hijos y nieto, es la protagonista.

Fragmento de la representación de la obra Las Troyanas dirigida por Mario Gas.

De alguna de esas mujeres habla así Penélope en una carta que esta le dirige a Circe en la obra de lectura optativa  Circe ou o pracer do azul:

“(…) Helena foi recuperada por Menelao e devolta a Esparta xa non como esposa, mais como trofeo, e ten agora que se resignar a vivir xunto ao átrida como serva conquistada, sen posibiliddae de reaccionar ante ningunha das aldraxes que o seu amo e marido se congratula en lle causar. O seu nome é odiado e maldecido por todos a quen a guerra non trouxo gloria nin riquezas, senón desgrazas e morte. Ela, que só quixo saberse amada, que só pretendeu seguir sendo a fermosa cativa aloumiñada e benquerida por cantos a rodeaban, vese agora presa do desprezo de quen antes tanto loaba a súa beleza. Helena encanece e murcha rodeada de odio e carente de toda estima. Din que foi a beleza a causa da súa perdición, mais non tal, foi a súa necesidade de amar e de se sentir amada o que lle aparellou a desgraza(…)”

Páxinas 134-135, Circe ou o pracer do azul

Pedro Guerra canta a esa Casandra mitológica:

E Ismael Serrano habla así de ella:

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