La abeja de Emily

Esto es lo que venía a decirnos la abeja de esta mañana: Es un mensaje de Emily:

PARA HACER UNA PRADERA

Para hacer una pradera se necesita un trébol y una abeja,
un trébol y una abeja
y ensueño.
Bastará con el ensueño
si las abejas son pocas.

“(…) Ciertos momentos de especial espiritualidad e incluso momentos que, por su deseo de unión con Dios, se pueden calificar de místicos, encuentran acomodo en las imágenes tomadas de la naturaleza. Ya hemos visto con anterioridad la imagen del ciervo. Si bien la imagen del ciervo no es muy recurrente en la poesía de Dickinson sí lo es la de la abeja, aunque no siempre queriendo transmitir el mismo significado, algo muy habitual en la poeta norteamericana, que gusta de emplear diferentes yos líricos con los que logra dar diversas perspectivas sobre un mismo elemento o aspecto. Como apunta MacLeish: “poem after poem -more than a hundred and fify of them- begin with the word «I», the talker’s word”. Y, en muchas ocasiones, vamos a comprobar cómo esta primera persona del singular cambia de identidad. Prueba de esto es el poema 1035 que es una carta enviada a una abeja en la que se le pide que venga pronto y el yo lírico y emisor de la carta es una mosca. Ejemplo de ello es también el caso del poema 211 en el que Dickinson se compara con una abeja que se quiere saciar del bálsamo del Edén, mientras que en el 1763 identifica la abeja con la fama. Pero la idea con la que la abeja suele estar asociada, y la que más nos interesa destacar aquí, es más trascendente. Ya en el poema 2 vemos una imagen muy convencional: la de la abeja brillante entrando en el jardín de la poeta. En sí, esta imagen significaría poco o nada si no estuviese arropada por las asociaciones divinas que se le otorgan a la abeja en otras composiciones. Es el caso del poema 18 que, en un especial santiguamiento que aparece en los versos finales, dice: “In the name of the Bee – / And of the Butterfly – / And of the Breeze – Amen!” Esta asociación de la abeja con Dios también la encontramos en la simbología ya que, por una parte, la miel representaría su dulzura y misericordia y, por otra, el aguijón sería una forma de aludir al ejercicio de justicia en tanto que es Cristo juez (…)”
Estudio de Emilio José Álvarez Castaño 2009Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid. Puedes leerlo entero aquí. 

En esta otra página puedes leer otro interesante artículo sobre su poesía.

Exposición sonora de Angélica Liddell sobre la obra ( y las abejas) de Emily Dickinson de la que ya hemos hablado aquí.
“(…) Tomando una de las palabras que más se repite en los versos de Dickinson, abeja, Liddell afronta este trabajo con el propósito de “dar voz al caos que edificó una poética: el rumor de las abejas, los cantos de los indios de Massachusetts, el ruido y la furia de Shakespeare y unos poemas que Dickinson leía al revés, sus propios poemas” (…)”  Palabras textuales extraídas de aquí.
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