Gregor, ¿sigues ahí? (Parte II)

“Cuando, una mañana, el escarabajo salió del estado ninfal se encontró convertido en un chico gordo. Yacía sobre la espalda sorprendentemente blanda y desprotegida y, si levantaba un poco la cabeza, se veía la barriga, pálida e inflada. El número de extremidades se había reducido de manera drástica y las pocas que tenía (cuatro, contaría más tarde) eran dolorosamente carnosas, y tan gruesas y pesadas que moverlas le resultaba imposible.

Los ochenta y seis cuentos de Quim Monzó son 86 perlitas dobre el ser humano, las ilusiones y el patetismo.

(Imagen extraída de aquí)

¿Qué le había pasado? Ahora, la habitación le parecía pequeñísima, y menos intenso el olor de moho que percibía antes. En la pared había soportes para colgar la escoba y la fregona. En un rincón, dos cubos. Contra otra pared, una estantería con bolsas, cajas, botes, un aspirador y, apoyada, la tabla de planchar. Qué pequeñas le parecían ahora todas aquellas coas que, antes, apenas podía abarcar en su totalidad. Movió la cabeza. Intentó volverse hacia la derecha, pero aquel cuerpo gigantesco pesaba demasiado y no podía. Lo intentó una segunda vez; y otra. Al final tuvo que reposar, agotado (…)”

Así empieza el cuento “Gregor”, de Quim Monzó incluído en el libro Ochenta y seis cuentos. Está en la biblioteca, por si quieres saber cómo acaba y leer otros. también puede ayudarte a hacer el trabajo propuesto para estas vacaciones.

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