Hamletismo

Ninguna obra de Shakespeare ha dado lugar a una filosofía de la existencia, a una actitud ante la vida. Hamlet sí lo ha hecho dando lugar al hamletismo. Es la imagen de aquellos que, debido a una voluntad débil, vacilan sin cesar. Es Hamlet un personaje bien intencionado pero inoperante, lleno de palabras pero incapaz de conseguir nada, adicto a la melancolía y asqueado del mundo que le rodea, un Hamlet tal y como se desprende del primer y tercer soliloquio que contempla la posibilidad de suicidarse, que habla de la muerte como un dormir, o un Hamlet en el cementerio, calavera en mano, encarándose con la muerte.

Dürer Melancholia I.jpg

Melancolía, de Alberto Durero

El concepto de hamletismo, entendido como una actitud ante la vida tomó cuerpo después de que los románticos lo viesen como un hombre, no como un personaje, tal vez como ellos mismos: un ser humano que encarna la nobleza, pero que no puede actuar por una sensación de incapacidad, o por una conciencia enferma que solo es capaz de ver un mundo poseído por la corrupción y la indecencia y que, por tanto, resulta ser un fracaso. Es, por lo tanto, una figura que simboliza el desconcierto de la calle, sumergido en la muchedumbre solitaria, ante su incapacidad para cambiar lo que ve que está mal en su entorno.

(R.A. Foakes, Hamlet versus Lear: Cultural Politics and Shakespeare´s Art)

No sé si a Hamlet le serviría este Remedio para melancólicos de Ray Bradbury (autor a quien ya conoces).

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